Foto IA
RELATO 1
ABUELA
—Como tú ya no trabajas...
—¡Pamplinas!
Uno que recoja a los niños. Otro que asista a la reunión de la comunidad. Otro que haga recados y, si puedo, que les haga la comida del mediodía.
Cuarenta años esperando tener tiempo... y ahora resulta que mi tiempo es de todos.
Yo, Ana, dejé el horario; no dejé mi vida.
Así que me di a la fuga...
Ya tendrán tiempo de buscarme.
RELATO 2
APRENDER A MONTAR EN BICICLETA
Vio por primera vez el mar con sesenta y siete años. Le pareció inmenso y abrumador, pero aun así insistió en mojarse los pies y, después, hasta un poquito más allá de las rodillas. A los setenta enviudó. A los setenta y cinco aprendió a nadar en la piscina municipal, a leer, a escribir. Con ochenta y nueve empezó a escribir un diario, la letra temblona y clara. «He abordado nuevos retos siendo demasiado mayor. Quisiera ahora aprender a montar en bicicleta. Aunque solo sea una vieja en un mundo repleto de motoristas… ¡quiero sentir el viento levantándome la falda!»
RELATO 3
TREINTA METROS CUADRADOS
¿Que a dónde voy con la bici?
Mi nieto y su novia son un encanto. Diez meses viviendo conmigo. Los oigo discutir, reírse…
Es mi único nieto. Tiene un buen trabajo. El otro día me trajo unas naranjas. Y ella es de lo más cuidadosa. Cuando barro el salón levanta sus pies sin que se lo diga. Siempre con una sonrisa. Pa comérselos los dos.
Esta mañana he visto un piso en "el idealista". Es caro, pero este no se me escapa. O se van de una puta vez o los echo a patadas.
¡Abran paso, me cago en to!
RELATO 4
GRANDMOTHER
Una taza de sopa Campbell’s, perdida en un mercadillo, me abrió una puerta al pasado. Volví a la Gran Depresión, cuando el hambre hacía cola y los niños trabajaban en lugar de ir a la escuela. En mi casa, sin embargo, nunca faltaban las latas Campbell’s. Un día fui con mi abuela a comprar. Me dejó con la compra y entró a pagar. Desde la puerta escuché al tendero:
—Señora, hace tiempo que esa moneda no corre.
—¿Que no corre? Pues yo sí.
Y salió escopeteada. Saltó a la moto y nos fuimos levantando más polvo que en un western.
RELATO 5
LA FUGA
Doña Emilia llevaba semanas esperando el despiste de Manolo, el lechero, que cada viernes aparecía en la residencia de la tercera edad; en cuanto dejó las cestas de leche, ella le robó la bicicleta.
Con un hatillo sujeto al manillar, escapó calle abajo impulsada por unas piernas empeñadas en retar a su edad. La mala suerte, o la mejor, quiso que irrumpiera en la carrera de motos de su pueblo. Hubo frenazos, caídas y una ovación inolvidable. En pocas horas era viral. Cuando los periodistas le preguntaron por su hazaña, respondió encogiéndose de hombros: Yo solo quería volver a casa.
RELATO 6
MI OTRA YO
La vieja centenaria llevaba días postrada en la cama; solo reaccionaba cuando su nieto informático le mostraba imágenes de ella creadas con IA. La situó sentada a la mesa de La última cena de da Vinci y doña Maruja comió. Puso su rostro en el cuadro de El baño de Stevens y consintió su aseo personal. Así iba logrando respuestas poco a poco, hasta que un día…
— ¡Mamá… —gritó Lucía— la abuela no está en su cuarto!
— Sal a buscarla en bicicleta, no andará muy lejos.
A los dos minutos…
— ¡Mamá…tampoco está mi bicicleta en el garaje!
— ¡Maldita Inteligencia artificial!
RELATO 7
AMOR A PRIMERA VISTA
La agente Soraya Macías, alias _La tía pescuezo_, participaba en las misiones que el CNI consideraba de riesgo. Su capacidad para disfrazarse era mítica dentro la organización.
Fría y sin escrúpulos, parecía incapaz de mantener relaciones sentimentales.
Todo cambió cuando le encargaron la misión _Amosnomejodas_, durante la cual seguía a un narcotraficante relacionado con la fórmula uno.
En plena vorágine persecutoria, disfrazada de bisabuela conduciendo una bicicleta, invadió el circuito del Jarama, chocando contra un buenorro que participaba en el rally.
Amor a primera vista dijeron.
Soraya y el buenorro viven felizmente en la isla de Sumatra, organizando saraos playeros.
RELATO 8
Y EL PÓDIUM ES PARA...
Doña Mª del Carmen siempre fue una excelente ciclista. Subió a la bicicleta nada más echó a andar.
A sus noventa años, aún no bajó de ella.
Sus compañeros le organizaron una carrera sorpresa, en la que competiría con ellos mismos.
Le tunearon la bicicleta; próximo al pedalier, le colocaron un motor de 80cc. Llegó el día de la competición.
Y, contra todo pronóstico, consiguió subir al pódium, siendo la primera clasificada.
Le acompañaron, en segundo lugar, Fernando, y en tercero, Mariló; quedando rezagadas, pero por segundos, Encarna, Nuria y Anate... que por poco no sale en la foto. ¡Enhorabuena!
RELATO 9
BENDITA DISOCIACIÓN
Se rompía el espejo de la noche y miles de trocitos plateados inundaban mi mente de estrellas. Era capaz de trasladarme y crear recuerdos inventados cada vez que me conducían a la sala de televisión rodeada de abuelitos inexpresivos o me llevaban a mi habitación con la última pastilla.
Me ataba los machos y jineteaba un toro en un rodeo mexicano; sobrevolaba los Andes y saltaba en paracaídas sobre el Machu Picchu; me colaba en el circuito de Jerez y llegaba la primera.
Mi expresión sonriente agradaba a todos. Eso escuchaba. Yo no entendía. Solo soñaba, pero era feliz.
RELATO 10
CUESTIÓN DE VIENTO
El reglamento no prohibía llevar una cesta de mimbre en la bicicleta, ni usar dentadura de quita y pon. Eso lo sabía doña Juliana. Mientras todos, en la acalorada carrera, vestían con apretados trajes de cuero para favorecer las leyes de la aerodinámica, doña Juliana irrumpía con brillante sonrisa y cardado imposible, demostrando que las barreras del tiempo solo existen en las mentalidades de quienes prefieren la comodidad de la duda antes que el riesgo de la libertad. Mientras todos querían ser los primeros en llegar a la meta, ella solo quería ser la primera en llegar a la frutería.
RELATO 11
NUNCA ES TARDE SI LA DICHA ES BUENA
Antoñita creció entre hambre y privaciones. Mientras otros niños reían sobre bicicletas y patines, ella solo soñaba con pedalear algún día. La pobreza le robó la infancia, pero nunca aquella ilusión. Cumplidos los noventa, descubrió una vieja bicicleta abandonada junto a un camino. Con enorme esfuerzo logró subirse y comenzó a avanzar. El viento acarició su rostro por primera vez como siempre había imaginado. Una cuesta empinada la lanzó sin control hasta chocar contra un árbol. Murió poco después, sonriendo serenamente, convencida de que, al fin, había cumplido el sueño más vehemente de su vida.
RELATO 12
LA TERRATENIENTA
Hace años hubo una revuelta de jornaleros que, hartos de abusos de sus señores, entraron en los cortijos y palacios dispuestos a arrasar y masacrarlo todo. En una de estas mansiones vivía una señora de alta alcurnia, pero de baja salud, pues llevaba ochenta años en una silla de ruedas.
Una mañana, su capataz, muy angustiado, le advirtió que huyera, pues los “escopeteros” querían matarla. La doña se levantó de la silla, saltó por los tejados, se montó en una bicicleta y se unió a una carrera de motos. La ganó, pero en lugar de parar, siguió hasta la frontera.
RELATO 13
CONDICIÓN Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA
Siempre fue un ejemplo, su buen humor, su risa fresca y contagiosa, así hasta sus gloriosos noventa añitos.
Entonces, luego del cónclave familiar decidieron que Manoli necesitaba descansar y ser cuidada.
Tejiendo y tejiendo mi abuelita escuchaba y se hacía la sorda, pero tramaba su escape épico.
Así fue un día glorioso de otoño, cuando mi bicicleta fue su vía de escape y una gran lección de libertad para la familia.
RELATO 14
DIENTE POR DIENTE
Dieciséis millones de almas se ahogaban. El euríbor, letal y rapaz, devoraba vidas arrebatando el sacrificio de un hogar a los mismos monstruos que los encadenaron.
—Tanto dolor para esto…, gimió Dorotea en el parque María Luisa.
El desahucio la arrojaba al asfalto. De las cenizas de su desesperación brotó una ira maldita que encendió su mirada.
—¿Qué vas hacer, mamá?, preguntaron sus hijos con terror.
—¿Os queda gasolina?
El brutal estallido de la sucursal de Unicaja desgarró el cielo. Mientras huían desbocados del infierno, las lágrimas de Dorotea se evaporaban bajo un rugido de justicia.
–Diente por diente.
RELATO 15
OCHO MAÑANAS MÁS
Tras desayunar, un subidón indescriptible se adueñó de ella. Barrió toda la casa, reorganizó su biblioteca, bailó en plena calle y hasta se hizo con una bicicleta para quemar la carretera pedaleando.
Al volver a casa, su teléfono estaba sonando. Su nieto, nerviosísimo, le preguntaba si había encontrado una cajita metálica con una cara sonriente en alguna parte de la cocina.
Todo cobró sentido. No eran vitaminas lo que se había tomado aquella mañana.
“Ay, cariño, no he visto nada. Tendrás que comprarte otras”.
Buscó la caja, contó cuántas pastillas quedaban y sonrió pícaramente. Repetiría la experiencia ocho veces más…
RELATO 16
CUANDO VIVIR ES LA META
Carmina González siempre fue una mujer de armas tomar. No había nada que se le pusiese por montera. Nunca pensó en limitarse a hacer lo que se esperaba de ella: ser obediente de niña, estudiosa de adolescente, recatada de joven, esposa servicial, madre abnegada... Si alguna vez cumplió con alguno de esos cánones, fue porque le dio la real gana.
Se podría pensar que, en el ocaso de su vida, a Carmina no le quedaba nada pendiente... hasta que la vieron llegar a la meta de la vigésimo tercera edición de motociclismo de su pueblo montando una bicicleta eléctrica autotuneada.
RELATO 17
IMBATIBLE
Aunque no lo parezca, tiene 107 años. Ellos creen que podrán adelantarla en cualquier momento. La ven frágil, lenta, vencida por los años.
Lo que ignoran es que es una superheroína. Quizá del siglo pasado, pero sus poderes siguen intactos: cuando alcanza cierta velocidad, el tiempo se ralentiza y le arranca otra pequeña victoria a la muerte.
No sospechan que les lleva varias vueltas de ventaja. Que esa carrera nunca podrán ganarla.
Porque ella no es una anciana cualquiera.
Es Super Woman.
RELATO 18
LA PRIMERA EN TODO
Doña Remedios cumplió ochenta años y decidió que la vejez no era una condena. Vendió su andador en Wallapop y compró una bici de carreras. Si a los veinte no usaba casco, ¿por qué ahora?
Su hija intentó razonar:
—Mamá, tienes osteoporosis.
—Y tú tienes poca fe.
El vecindario contenía el aliento. Ella, mientras tanto, ganaba. Ganó al bingo. Ganó una carrera clandestina. Ganó una multa.
Fue enterrando, uno a uno, a los que la vieron salir sin casco. En cada entierro, primera fila. Por costumbre.
Dejó escrito su propio epitafio:
"Llegué la primera a mi muerte. Como siempre."
RELATO 19
HAMBRE POR SER CAZADA
Me encanta la sensación de correr delante de ti.
Mis cansadas piernas cruzan el bosque mientras ajusto mi caperuza roja.
Soy la abuelita, pero esta noche no aguardo en la cama, prefiero despertar ese instinto animal que huele mi miedo, mi huida frenética.
Escucho tus garras rasgando mi capa, tu aliento voraz cerca de mis talones.
Te acercas en la penumbra detrás de mí, disfrutando el principio de la caza.
Sonrío en la oscuridad, acelerando el paso bajo la luna, me alejo de ti.
Quería volver a sentirme viva, perseguida, salvaje e indomable frente a tus hambrientas fauces de lobo.
RELATO 20
LA FERIA DE ARAGÓN
La antigua feria de Aragón celebraba una carrera centenaria.
Única regla: obligatorio montar el «animal».
Antiguamente la multitud cabalgaba cabras, ovejas, mulos y burros.
También estaban las brujas en sus escobas.
Pasó el tiempo, los medios de transporte cambiaron.
Ahora había motocicletas y patinetes eléctricos.
Maribel, 97 años, estaba en primera fila con su bicicleta con cesta.
Murmuraban que estaba loca.
Subiendo y bajando los Pirineos a gran velocidad, la competición no tuvo historia.
Al igual que sus antepasadas, Maribel cruzó la meta en primer lugar.
Feliz, miró la cesta y sonrió a su mini escoba, motor de la victoria.
RELATO 21
NUNCA ES TARDE
Nunca había podido, o al menos eso decidió creerse.
En los tiempos de Maricastaña, en su pueblo gaditano, las bicicletas estaban bien vistas cuando las manejaban hombres o niños.
Le costó decidirse. Una mujer viuda y de edad, encima de una bicicleta… ¿qué dirían de ella?
Finalmente se armó de valor y se consiguió una.
Vivía sola, sus hijos habían volado hacía mucho, tenía terreno y… tenía mucho tiempo
Al principio desollones por doquier.
Después, cada vez más lejos.
Ese día, ya casi en Jerez, el rugido de las motos la envalentonó y decidió demostrarles que ella también podía correr.