Autor Fernando Devesa
RELATO 1
EL CUARTO MENGUANTE
No. La cama no está vacía.
No. La cama no duerme.
Dentro del cuarto menguante, la luna llena de tu espejo, rota en mil añicos.
El sol, otrora encarcelado entre satén y encanto, se evapora humedeciéndo los recuerdos.
Un final que se repite, como se repite el día.
Se durmió la marmota, y se precipitó, por fin, el último final.
Los futuros sueños nos despertarán mirándonos a la cara; ya sin drama, sin dolor.
Mas allá de estas paredes, me sentaré a esperar mi horizonte, y volveré a esa cama para soñar, esta vez, despierto.
RELATO 2
EXCESO DE CONFIANZA
Estoy algo nervioso porque es mi primera vez, pero llego hasta el sitio dispuesto a desconectar.
Entro en la habitación indicada. Es una estancia sosa, austera y que no han arreglado. Me dispongo a buscar a alguien para quejarme y entonces reparo en el programa que hay colgado detrás de la puerta.
“Retiro Ascensión Colectiva:
21:00 - Ceremonia de desintoxicación mundana.
22:30 - Unión carnal colectiva frente a la luz roja.
00:00 - Amputaciones y/o sacrificios voluntarios.”
Si logro salir de aquí con vida me cargo al que me dijo que ChatGPT recomienda buenas escapadas de fin de semana…
RELATO 3
RECONOZCO QUE NO ME LO ESPERABA
Nunca antes me había dejado deshecha.
Ella siempre se levanta al alba y, cual gata que evita ser detectada en su visita nocturna a un patio ajeno, me arregla con suavidad y sale silenciosamente para unirse a los laudes cotidianos de la congregación.
Hoy ha sido distinto.
Quizás tenga algo que ver la visita en la madrugada de una mujer con su misma vestimenta.
He visto la sorpresa en su cara, pero también el gozo en la de las dos mujeres cuando la visitante abandonaba la estancia antes del amanecer.
Espero su vuelta y su cuidado.
RELATO 4
A VOSOTROS
Hoy miro atrás con el corazón sereno. No tuve una vida perfecta, pero sí totalmente plena. Agradezco los bellos amaneceres y los que llegaron con lágrimas, porque me enseñaron a valorar la luz.
Doy gracias a mi familia, refugio constante cuando el mundo se tambaleaba, y a los amigos que eligieron caminar conmigo sin pedir nada a cambio. Cada abrazo, cada conversación y cada despedida me hicieron ser quien soy.
Si viviera de nuevo, os escogería otra vez a vosotros. La felicidad no estuvo en lo extraordinario, sino en haber amado, sido amada y vivido intensamente cada instante de mi existencia.
RELATO 5
NOCTURNO DE VERANO
Suelo brillante, resbaladizo, sábanas blancas empapadas de sudor.
La humedad no daba respiro, el calor no daba tregua; la pálida luz de la lámpara proyectaba sombras de pesadillas nocturnas.
Se levantó, arrastrando los pies se dirigió a la ventana apoyado los codos en el alféizar.
Sus párpados soportaban el peso de una noche de insomnio.
Su piel buscaba en vano un soplo de frescor.
Su mente escudriñaba las tinieblas imaginando fantasmas de niebla surgir de los campos empapados.
En la oscuridad, la lechuza narraba la agonía de las noches.
Cerró los ojos soñando con un amanecer mejor.
RELATO 6
COMO SI NO IMPORTARA
Mi hijo se marchaba antes del alba. Yo entraba después y estiraba las sábanas. Cada día.
Me acostumbré a no verlo. Y él a no verme a mí, supongo. Sabíamos el uno del otro solo por los cambios en esa cama. Hasta que un día dejé de entrar. Dejé de poner sábanas limpias, de estirar y remeter, de ahuecar la almohada.
Siguió despertando con la cama revuelta; cada mañana dejaba tras de sí la forma de su cuerpo grabada en el colchón. Al volver se acostaba sin más.
Nadie arregló las sábanas ya. Y parece que a nadie le importó.
RELATO 7
ES SOLO UN MUEBLE
Parece mentira todas las ideas que dispara una cama deshabitada…
Primero pensé escribir sobre la desilusión que sentí en mi primer encuentro amoroso, luego en un giro de 180grados , vino a mi memoria las tardes de convalecencia en casa de mi madre tras múltiples operaciones.
Pasadas unas horas recordé mi anhelo de ser monja y estar muchas horas en silencio externo tratando de aquietar el ruido interno…
Pero , no hacía falta dejar volar tanto la imaginación , en realidad esa era la representación exacta de mis mañanas tratando de poner orden al rastro de otra noche de insomnio.
RELATO 8
LA LUZ QUE LA OSCURIDAD DEVORA
Cada noche, cuando pasaban las dos, el niño balbuceaba y agitaba los brazos en alto hacia el ser que se le acercaba al costado de la cama, musitando una letanía en lengua desconocida.
Mientras la voz recitaba los versos oscuros, un halo de luz blanca ascendía hacia el libro abierto que sostenía, ocultándose bajo la capucha.
De pronto, un sonido gutural desde la cama repetía las últimas palabras pronunciadas.
La luz se extendía en espiral y desaparecía.
La oscuridad y el silencio surgían de nuevo en el cuarto.
La cuenta atrás llegaba a su fin.
El niño sonreía entre sueños.
RELATO 9
CAMA VACÍA
—¡Hola!...
—Holaaa...
Eco... Holaaa...
Siempre que abro la puerta de mi habitación, solo me contesta el eco. Siempre pienso que estás ahí, envuelta entre las sábanas blancas de algodón, esperándome para unirnos los dos en uno.
Pero no.
Ahora las sábanas están vacías y muy frías. Ni siquiera percibo tu olor entre las arrugas y los dobleces, porque ya ni siquiera hago la cama.
RELATO 10
TRISTEZA VENCIDA
Soñé que no dormía y, despierta en sueños, noctámbula, me levantaba... Para volver a intentarlo.
Soñé que sonreía entre escondites y vericuetos mentales... entre tristezas y negruras del alma.
Soñé con una luz encendida, único testigo de noches largas.
Soñé que caminaba descalza por habitaciones sin puertas, buscando grietas por donde el día se colara.
Soñé que, tras mucho buscarte, te encontraba, alegría, te encontraba.
Desperté en aquella ca ma vacía que ya no era derrota sino partida.
Cuando vinieron por mí ya no estaba.
Sobre la cama, mi ausencia y, en la pared, la luz esperaba a otra.
RELATO 11
LA MONJA SONÁMBULA
Sor Patricia era sonámbula y no caía bien en el convento de Motilla de Palancar.
La madre Presentación, arpía de manual, se quejaba porque la sonámbula se ponía ciega de embutidos todas las noches y dejaba tiritando las botellas de vino de consagrar.
Sor Presentación sospechaba que estaba poseída, no por un espíritu maligno sino por un morro que se lo pisaba, según ella.
Una noche, se levantó de su cama y desapareció, no sin antes arramblar con el dinero del convento, dejando un mensaje escrito en harina esparcida en la cocina.
_¡A mi ya me habéis visto, so zorras!_
RELATO 12
PAPÁ Y EL MAR
Al final del día lo encontramos en la orilla de su mar Mediterráneo, en su cala favorita. Mar que le vio nacer, al que entregó su vida y al que había pintado tantas veces.
Estaba rebozado en arena, como si en su último hilo de vida volviera a jugar en su playa.
RELATO 13
LA NATURALEZA EFÍMERA DEL AMOR
La tibia luz de la luna ilumina un enjambre de piernas, brazos que agarran como una promesa. Su larga cabellera envuelve a ambos, las gotas de sudor frío recorren sus nucas mientras una ligera brisa de verano acaricia la noche. Los dos amantes ignoran cuánto tiempo queda para el alba; pues el amor les ha arrebatado el sentido del tiempo. El verano pasará rápidamente, cada atardecer que sus ojos presencien les recordarán que todo tiene un final. No saben si sus almas se volverán a reunir, solo lo sabrá el destino.
RELATO 14
SIEMPRE ESTARÉ CONTIGO
Apenas retiraron su cuerpo inerte, antes de cerrar la habitación, Claudia apagó la luz y se dispuso a tomar fotos del rincón donde su marido estuvo postrado durante dos años. Además de su olor y su voz, quería memorizar el lugar donde se dijeron los últimos “te quiero”. Dos días después volvió al cuarto y se sentó en la cama a mirar las imágenes del móvil.
Nada más entrar, un escalofrío recorrió su cuerpo. La lámpara se encendió. _Siempre estaré contigo. Seré la luz de tus días_-Fueron las últimas palabras de su marido, antes de morir.
RELATO 15
LA ÚLTIMA HABITACIÓN
María descolgó el teléfono mientras se ponía los guantes.
—Mamá, estoy trabajando, luego te llamo.
Metió las sábanas en la bolsa grande. Fregó las baldosas de rodillas, milímetro a milímetro, buscando manchas invisibles con una linterna. Revisó zócalos, lámpara, techo. Roció el colchón. Puso sábanas limpias y estiró cada arruga.
La habitación quedó perfecta. Vacía.
Donato le transfirió el dinero. Las sábanas irían al incinerador, junto con el cuerpo. El producto destruía cualquier rastro, pero María siempre prefería quemarlas.
Devolvió la llamada a su madre mientras bajaba las escaleras pensando que no había dejado la ventana abierta.
RELATO 16
EL TESTIGO MENTÍA
La autopsia dictaminaría si murió estrangulada...
Al forense le costó acercarse a la cama; su cuerpo yacía iluminado por la tenue luz del aplique, único testigo.
Era tan bella que no parecía de este mundo. Pensó que si la tocaba, despertaría, como la princesa de un cuento.
Las sábanas revueltas la rodeaban, creando un escenario precioso que jamás olvidaría.
Finalmente, se arrodilló; las marcas del cuello eran finas, casi borradas.
El aplique parpadeó, la luz se apagó.
El testigo mentía.
RELATO 17
LA BALADA DE LAS SÁBANAS BLANCAS
Tengo el corazón roto de pensar en ti. Las manos y la boca selladas con sangre de paloma.
Se ha movido el suelo debajo de la cama, pero las mariposas están muertas.
¿ Dónde está tu amor irresistible, el que compartimos tanto tiempo?
Las paredes vacías me recuerdan tus ultimas palabras , dichas desde otro ser, calculadas con negrura y dolor.
Ya nunca seré el mismo sin tu abrazo, se han encogido mis piernas, se ha reducido mi tamaño.
Nada espero. Voy a quemar las sábanas para que nadie vuelva a sentir el amor que te tengo.
RELATO 18
QUISO PERO NO PUDO
Entre desvencijada y king size, quedó arrinconada tal como la abandonó su último huésped. Siempre soñó con ser algo más que un lugar de descanso, anheló destacar, sostener grandes sueños y ocupar un lugar privilegiado. Pero sus muelles vencidos y el peso de los años frustraron aquella ambición. Ni en su juventud logró la firmeza que deseaba, y el tiempo terminó por apagar sus ansiadas pretensiones. Hoy recibe únicamente al viajero cansado que busca reposo, resignada a no convertirse nunca en una cama excepcional. Sin embargo, su historia nos deja una enseñanza: jamás abandones tus ideales mientras aún puedas perseguirlos.
RELATO 19
UN MOTEL PECULIAR
Aquella habitación de motel tenía una fama terrible. Nadie sabía por qué las sábanas amanecían revueltas ni quién dejaba la manta colgando como una lengua moribunda, porque nunca la ocupaba nadie.
Cada día llegaban clientes peculiares: un divorciado que contaba las manchas de las paredes, una ludópata paranoica convencida de que la vigilaban o un forense alcohólico que hablaba con sus pacientes muertos.
Una noche oyeron ruidos extraños para una habitación vacía. Entraron a mirar aterrados. No había nadie.
—¡Qué alivio! —dijeron.
—Sí —respondió una voz desde debajo de la cama—. Ya cabemos todos.
Nunca más se supo de ellos.
RELATO 20
EL RELATO PERFECTO
Su vida fue un relato perfecto. El planteamiento lo hicieron sus padres, el nudo lo hizo él, tanto, que no fue capaz de desenredarlo. Ahora, cuando está a punto del desenlace, le es imposible corregir sus errores, ni devolver lo que robó ni resarcir a las personas a las que hizo daño.
Si pudiera volver a escribir el relato… pero ya es tarde. Ya no podría salir de su miserable cuartucho. El punto final lo pondrá otro, el Autor Omnisciente.
RELATO 21
EN SIGLOS, PRIMERA VEZ, QUE SE VISTE DE BLANCO
Envuelta por la neblina. Precedida por aroma de narcisos negros. La guadaña traza destinos.
Vislumbra la casa encalada. Las notas musicales de llantos serpentinos hablan, que es ahí. Sorprendida, la cama impoluta, está vacía.
Una manita tira de su manto negro. Rubios tirabuzones envuelven una mirada celeste. Señalando el fatídico barranco, donde cayó la pequeña, pregunta: ¿Puedes coger mi Pepona?
La oscura figura nunca contesta.
Por primera vez desde la eternidad, su corazón brilló. Se vistió de blanco, desapareciendo su lobreguez, por un segundo
Revivió a la pequeña, le rescató su muñeca.
RELATO 22
INSOMNIO
Detesto mi cama.
La abandono por la mañana cuando he dado cien vueltas a la almohada, he interrumpido el zumbido en mi oreja de veinte mosquitos, me he cubierto con su sábana para descubrirme a los cinco minutos y volverme a cubrir a los diez.
Las horas no pasan.
A las cinco son las cinco y después las cinco y cinco y después las cinco y diez…
Y las ovejas se ríen de mí cuando vuelven a verme otra noche intentando descifrar si son diez o cien.
Entonces amanece y el sueño, cobarde, llega cuando ya no lo necesito.
RELATO 23
TOPOGRAFÍA DE UNA BATALLA
Con el mismo cuidado con el que se construye una torre de naipes, me introduzco en la cama y permanezco quieta sobre el filo para no borrar el mapa que dejaron nuestros cuerpos. Desde el exilio observo las huellas de una lucha hermosa en los pliegues de la sábana, un lienzo arrugado, repleto de valles y cordilleras que transportan el recuerdo de una batalla con aroma áspero a pieles retorcidas. Consciente de que tu impronta se desvanecerá lentamente, hundiré mi rostro sobre el tuyo, que aún permanece en la almohada.
RELATO 24
LA POSEÍDA
Se la llevaron de noche de su celda; la sacaron de la cama mientras gritaba, se retorcía y mojaba la sábana. Sor Concepción, curvada en _cambré_ sobre las cuatro extremidades, emitía gruñidos endemoniados. El ingenuo jardinero del convento contaba que se le había metido el diablo en el cuerpo; todo fue a raíz de un encuentro que tuvieron detrás del invernadero, muchos meses atrás. Desde entonces, no volvió a verla jamás, hasta esa noche. Debía de ser cierto que llevaba al maligno dentro, pues decía el inocente varón que el vientre abultaba muchísimo en la camilla donde la transportaban.
RELATO 25
MÉTRICA DEL ABISMO
El poeta, obsesionado con la métrica del silencio, ya no escribía versos; los pintaba. En su lienzo recreaba siempre el mismo espacio asfixiante: una habitación desolada con una cama hecha bajo una luz mortecina . Convencido de que el arte abría portales, marcó un número maldito que creyó haber olvidado. Al colgar, la llamada se registró en la pantalla, pero el teléfono real sonó de vuelta al instante. Al descolgar, escuchó a su propia voz infantil susurrar: Ya estoy aquí. Con horror, miró el cuadro: las sábanas ahora estaban deshechas.
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