Foto Willy Ronis
RELATO 1
El JARDÍN DE LOS RECUERDOS
Eran cuatro ninfas encargadas de cuidar el jardín de los manzanos dorados: Egle, Eritia, Hesperia y Aretusa. Cuatro niñas descalzas, felices y confiadas, cuatro hermanas de coloridos recuerdos que el tiempo cubrió de gris.
Las cuatro jugaban al escondite entre las manzanas doradas que debían cuidar, regar y vender en el mercado, pero algún monstruo de la discordia, algún dios del tiempo o del espacio, envidioso de su inocencia y de sus juegos, las fue arrugando, secando poco a poco.
Ahora, las cuatro miran con nostalgia el jardín marchitado que nadie cuida.
RELATO 2
NO LOGRARON ROBARNOS LA INFANCIA
Teníamos más hambre que años, pero una imaginación sin límites que, junto a la amistad que nos profesábamos con aroma a pan recién hecho, conseguía engañar al estómago.
Nos bastaba una esquina, una puerta entreabierta o un rumor al otro lado de la pared para inventar mundos. Nos apilábamos unas sobre otras, riendo en silencio, convencidas de que el tesoro estaba siempre donde no alcanzaban los mayores.
No poseíamos juguetes ni zapatos en condiciones, pero sí cuatro pares de ojos curiosos y la certeza de que, mientras permaneciéramos juntas, ninguna pobreza sería capaz de robarnos la infancia.
RELATO 3
VERANOS EN LA MEMORIA
La llegada del verano anunciaba caos e ilusión a partes iguales. No era fácil entretener a cuatro "nietas de ciudad".
El día anterior a su llegada, Antonio y Pepita se aseguraban de contar con lo necesario.
Invariablemente, año tras año, el primer día empezaba con una batida colectiva, por turnos, de claras a punto de nieve, para hacer rosquillas, así que eran imprescindibles muchos huevos y harina.
Antonio se ocupaba de tener listas las cañas de pescar, salabres para coger camarones y escardillo para las coquinas.
Yo era la pequeña de esas niñas. Sigo siéndolo, pero no es lo mismo.
RELATO 4
MIL KILÓMETROS HACIA LA FELICIDAD
Nos apretábamos las cuatro en el Renault 8 de papá y, tras mil kilómetros de carretera, el pueblo nos abría sus brazos.
Allí comenzaba el verano: la feria, el calor y un mundo entero por conquistar.
Mientras los mayores dormían la siesta, salíamos a perseguir aventuras imposibles: espiar besos furtivos de parejas enamoradas, colarnos en la piscina municipal o seguir a algún vecino como si escondiera un gran secreto.
Al anochecer regresábamos cubiertas de polvo, sudor y rodillas desolladas.
No existían pantallas; nos bastaban la imaginación y las risas. Ahora sé que la felicidad vivía allí, esperándonos cada verano.
RELATO 5
EL REFUGIO DE MIS TORMENTAS
Mis hermanas son un vendaval, me cuestionan, me corrigen, me sostienen.
Parecen una condena perpetua.
Pero cuando el mundo se vuelve gris, ellas aparecen en silencio, sin llamar, como sombras.
Arropan mi desorden, permanecen conmigo, me cuidan, no me fallan, me secan el llanto, me devuelven la calma sin pedir nada a cambio.
Somos distintas como el sol y la luna, pero juntas formamos el cielo.
Peleamos, pero siempre vuelven, tengo la certeza de que nunca estaré sola.
Ellas son mi refugio incondicional, bonito, amable, seguro.
Ese amor lo celebro a diario, con memoria, con verdad. Y queriendo siempre fuerte.
RELATO 6
LAS DESCALZAS
La caja de lata se iba llenando de esperanzas. Por nuestras muñecas reunimos una buena cifra; luego fue el turno de la colección de sellos de papá, seguirían los libros que leía mamá al atardecer, las alianzas, el vestido de novia…
Aquella mañana fueron nuestros zapatos. Descalzas y en fila escalonada, espiábamos la venta callejera desde la esquina. Se vendieron los cuatro pares, y alrededor de la mesa de la cocina, comprobamos la recaudación total. ¡Ya teníamos para el tratamiento de mamá!
Corrimos hasta su cama a darle la buena nueva cuando sus ojos ya no miraban a ninguna parte.
RELATO 7
INSTANTÁNEA
Esa foto la guardo como oro en paño: Anabel, Rocío, Inma, y yo.
Yo soy la segunda por la izquierda.
A Rocío se le ocurrió dar un susto a Susana, que volvía de hacer un recado a su madre. Nos moriamos de risa. Susana era la niña más delicadita del bloque. Iba vestida de blanco, ajena a lo que estaba a punto de suceder.
A una señal de Anabel, gritamos fuerte. Susanita cayó de culo, con los ojos abiertos. Una docena de huevos y un tarro de miel estallaron en el suelo. No me he reído más en mi vida.
RELATO 8
SORPRESA
Se acercaba el primer domingo de mayo, Día de la Madre. Cada tarde veíamos llegar a nuestra madre agotada, aunque siempre nos recibía con un beso y una caricia. Nos preparaba la merienda, nos lavaba en un barreño de cinc y, antes de dormir, nos inventaba cuentos, porque no sabía leer. Con nuestros escasos ahorros quisimos evitar verla de rodillas fregando el suelo y le compramos una fregona. Esperamos impacientes a que abriera la puerta.
—¡Sorpresa!
Su sonrisa, su abrazo y las lágrimas de emoción nos hicieron sentir que habíamos acertado con el mejor regalo.
RELATO 9
JUSTICIA DIVINAMENTE RESBALADIZA
Estábamos las cuatro amontonadas detrás de la esquina, entre
risitas y murmullos jocosos,
aguardando al vecino del quinto.
Era ruidoso, antipático, maleducado, se tiraba pedos en el ascensor y piropeaba lascivamente a nuestra madre viuda.
Hoy el plan era darle definitivamente un buen escarmiento.
Sabíamos sus horarios y costumbres, así que, justo a las 7 de la tarde, él salía a tomar un aperitivo, cosa que aprovechamos para verter aceite en el escalón. El plan salió redondo, resbaló y... Se abrió la cabeza contra el bordillo.
Salimos pitando de allí.
Al día siguiente, mamá nos preparó nuestro postre favorito: ¡Tarta!
RELATO 10
INOCENCIA
Llenas de ilusiones y risas iban por la vida, criaturas hermanadas por la genética y el amor de sus padres.
Pese a las restricciones de su madre respecto a las salidas por las calles del vecindario, igualmente lo hacían, se escapaban por una hora, les encantaba ver el desfile de jóvenes con uniforme, tan erguidos y serios…
Otras veces bebían de un grifo averiado , eso les daría suerte en el matrimonio, según Josefina, la mayor de ellas.
Y con esa alegría que da la ignorancia, vivían el día a día en la desolación de la guerra.
RELATO 11
MADELEINE Y SU SOLEDAD
Cada día, desde que acabó la guerra, Madeleine se asoma a su derruida ventana. Desolada, observa la vida con los ojos de la infancia, único hilo de esperanza, que unas huérfanas le transmiten con sus juegos y sus risas. Las pequeñas llevan adosados a sus pies descalzos: la dignidad, el dolor y la resignación.
Y adheridas a sus pequeñas manos, con las que se agarran unas a otras: la fortaleza, la alegría y la ilusión de seguir viviendo.
Toda una lección de vida para Madeleine, sabedora de que solo en el mundo que habitan estas niñas, encontrará el suyo propio.
RELATO 12
LA DE ABAJO
Fueron descalzas toda la infancia. Se apilaban en la esquina para ver pasar el mundo sin que el mundo las viera. Ella siempre quedaba abajo.
Su sitio era ese porque ellas eran su sitio.
El tiempo hizo lo que hace siempre. La mayor se enamoró de una mujer y tardó veinte años en decirlo. La segunda cruzó el océano y se casó con un hombre que coleccionaba paraguas. La tercera se tiñó el pelo de rojo un martes y desapareció hacia el sur.
La pequeña no fue a ningún sitio. Tenía que estar cuando volvieran.
Murió esperándolas. Encontraron la mesa puesta. Cuatro tazas.
RELATO 13
SER NIÑO OTRA VEZ
Estaba el señor Don Gato ronroneando cuando la vaca lechera apareció cantando: debajo de un botón, ton, ton; mientras, bajo un árbol, dormía un elefante que un ratito antes se balanceaba sobre la tela de una araña, ¿sabes?
Y entonces se oyó cantar a la rana: cucú, cucú, mientras cinco lobitos aplaudían porque los pollitos decían: pío, pío, pío. Todos llenaron el particular patio de mi casa, que se mojaba porque llovía y mi muñeca vestida de azul encontró un barquito chiquitito; unas niñas gritaron:
¡Un, dos, tres, pollito inglés!
¿Quieres ser niño otra vez?
RELATO 14
INOCENCIA
Y pasaron los años, y atrás quedó la inocencia. Aquel mundo que cabía en nuestras manos se nos fue. Hoy, nuestras vidas siguen rumbos diferentes, pero, al ver aquella fotografía, algo se me encoge el alma y mi corazón domina la razón. Hoy siento nostalgia de aquella, nuestra bendita inocencia.
Supe que la vida no os lo puso fácil, que no valen soluciones inocentes para cuestiones terrenales y que, si antes la imaginación nos llevaba a la fantasía, hoy, al ver a los míos, grito por saber dónde puedo encontrar la fórmula para que la inocencia no se pierda jamás.
RELATO 15
LAS HERMANAS LANCASTER
Nadie consultó con las hermanas Lancaster si querían que su niñez transcurriera entre platós de cine, participando en películas para niños, con moralina y risas enlatadas.
Las niñas se volvieron adultas insoportables y endiosadas.
La pequeña, Betty, terminó sus días en un casino de Las Vegas, entre estupefacientes.
La mayor, Eleanor, encauzó su carrera como imagen corporativa de Tiffany's. Vive tranquilamente, rodeada de sus nietos.
Las medianas, Ava y Joan, alcanzaron fama en Hollywood hasta que convirtieron su vida en un remake real de la película _Qué fue de Baby Jane_. Fueron encontradas sin vida en una playa de California.
RELATO 16
TRAVESURAS DE INTERNADO
El alboroto quebraba el silencio del convento. En fila, los pequeños aguardaban la vacuna mientras un coro de llantos inundaba los pasillos. Con mis hermanitas encontré refugio tras un muro; desde allí reíamos de quienes afrontaban el temido pinchazo. Intentamos dispersarnos, convencidas de haber burlado el destino, hasta que una monja, veloz e infalible, nos descubrió. Hoy soy yo quien sostiene la jeringa y corre tras niños que escapan entre lágrimas, risas y travesuras. Al rozar mi brazo, la cicatriz revive aquel miedo infantil. Algunas heridas no duelen; solo conservan intacta la memoria de aquella niñez escondida en el tiempo.
RELATO 17
HERMANAS DE LUZ
Su tío les había repetido cientos de veces que la magia existía. Aunque llevaban mucho sin verlo, recordaban esas palabras a diario.
Por eso acudieron a ese resplandor que brillaba desde la distancia. Apelotonadas en una esquina que daba a la plaza encontraron a su tío terminando de encender decenas de velitas que formaban un camino hasta ellas.
“Cuando todo era oscuridad, vosotras fuisteis mi luz. Hoy celebro que vosotras sois la magia de mi vida”.
Las hermanas saltaron a sus brazos y los cinco se fundieron en un abrazo tan cálido que hizo resplandecer toda la ciudad.
RELATO 18
HISTORIA DE UN FUSILAMIENTO
Manoli, Teresa, Sofía y Pilita se ríen, escondidas. Han escapado de la siesta, descalzas, a ver qué pasa en el pueblo, por qué ese revuelo.
En la plaza hay un puñado de milicianos. Llega una fila de hombres con la cabeza gacha y las manos atadas a la espalda. Uno parece papá.
Se colocan junto al muro de la iglesia.
Se hace el silencio.
Los milicianos apuntan.
Disparan.
Los hombres se derrumban como sacos.
Manoli se orina, Teresa se tapa la cara, Sofía llora y busca la mirada de Pilita, que ahora es diferente y jamás volverá a ser igual.
RELATO 19
AQUELLAS TARDES
Recuerdo cuando mis amigas y yo nos apostábamos en la esquina de la iglesia para espiar a novios que se besaban a hurtadillas, fuera de miradas curiosas, creían ellos.
Cincuenta años después, no estamos juntas.
Dolores murió de un tumor cerebral, después de una larga agonía.
Teresa de sobredosis. La encontraron en la bañera de su casa una semana después de su muerte.
Yo sigo viva y alguna noche sueño con alguien que me besa mientras escuchamos risas de fondo.
Entonces, me despierto y lloro.
Lloro porque ya no hay nadie tras la esquina.