Ilustración: Codex Granatensis, autor anónimo
RELATO 1
EL DIAGNÓSTICO
Vuesa merced tendrá a bien disculpar el retraso en mostrar mis conclusiones.
No es este un caso habitual de irritación de nalgas. No tratándose de rojez por aceite hirviendo ni el resultado de unos azotes, mi humilde persona hubo de investigar por otros lares.
Expuse vuestro caso a ilustres médicos de las comarcas vecinas, sin obtener una respuesta adecuada.
Hasta que di por azar con un hacedor de sillas que, por error, revistió algunos ejemplares con rastrojo de hortiga, como la que vuecencia tiene en la alcoba.
Le prescribo para su alivio, baños en leche de amapola y paciencia.
RELATO 2
EL RÍO DE MIS LÁGRIMAS
Antaño seco, el río fluyó caudalosamente gracias a mis lágrimas, donde acudía para ahogar mi pena. Allí encontré la paz perdida y consolé mi alma, amén de otros deseos íntimos. Abandonada en el tiempo y la memoria, me dejaba llevar por el suave placer.
Un ulular de sirena llegó hasta una aldea, atravesó las calles, penetró en las casas y despertó a sus gentes. Los lugareños, asombrados, se reunieron a deliberar y ordenaron partir al letrado para que plasmara sobre el pergamino cuanto aconteciera.
Y heme aquí, ante vuestros ojos: inconsciente y feliz, entregada a las aguas, expuesta sin censura.
RELATO 3
FATIGUITA
Padre tenía un Citroën dos caballos que, por lo mucho que cargaba, bautizó como “Fatiguita”. Aquel coche parecía ir por la vida suspirando, pero nunca se quejaba. En el salpicadero, un pequeño imán redondo de San Cristóbal viajaba con nosotros. Yo preguntaba quién era aquel señor. Padre decía que un gigante bueno que ayudaba a cruzar un río peligroso, y que por eso protegía a los conductores. Así, entre maletas, bolsas y algún que otro bulto imposible, “Fatiguita” emprendía cada viaje. Hoy, cuando recuerdo aquellos caminos, casi puedo escuchar su motor cansado y sentir que San Cristóbal aún nos acompañaba.
RELATO 4
ELISENDA EN EL RÍO
Desaparecida Elisenda, buscáronla durante cuatro días y cuatro noches. Al quinto, preguntáronle al río. Este relató que llegándose la joven allí a bañar, encontróse con un apuesto caballero. Que esas mismas aguas habían tapado sus desnudeces, que la luna y el sol habíanse asomado, cada uno por un extremo de la noche, a contemplarlos mientras yacían en la orilla, y viéronlos después huir a caballo, y que los astros juráronse después guardar silencio.
Mientras esto contábales, el cuerpo de Elisenda yacía en el fondo del río, ahogada y fría, mientras su alma cabalgaba lejos junto al caballero que nunca llegó.
RELATO 5
HOMO FULMINATUS
No estábamos acostumbrados a emociones fuertes, porque el día a día no entrañaba sorpresas. Alguien dijo algo y se fue corriendo la voz:
“¡Es un monstruo, un ser de otro mundo, una desgracia para todos nosotros!”
Hicimos una patrulla de cien hombres armados hasta los dientes. Buscamos con antorchas... y por fin lo encontramos.
Era impresionante. Más alto que la torre de la iglesia. Las manos como piedras de molino...
Cuando vio el peligro se arrodilló y empezó a llorar.
“¡Ahora!”, gritó alguien, y una lluvia de piedras mató al gigante, que cayó en el río.
¿Y qué más pasó, abuelo?...
RELATO 6
LA ROBA LECHE
Cuenta la leyenda que, en un lejano lugar, existía una gigante llamada Kanaya.
En las noches sin luna desaparecían vacas, cabras y ovejas. Cansados, dos valientes decidieron adentrarse en el bosque.
Tras días caminando, llegaron a un lago blanco.
—¿Eso es leche? —preguntó uno.
—Creo que sí —contestó el otro.
Entonces apareció Kanaya. Entró en el lago y su cuerpo envejecido recuperó la juventud y se transformó en una bella mujer.
Los dos valientes se miraron.
—¿Volvemos a la aldea?
—¿Para qué?
Kanaya sonrió.
Aquella noche, la aldea perdió dos valientes, pero nunca volvieron a faltar animales. Tampoco hombres.
RELATO 7
DE LA QUE TODOS HABLAN
La encontraron dormida en el río. Era tan corpulenta que su cuerpo parecía formar parte del paisaje.
Unos críos se acercaron con cautela, pues nunca habían visto a una mujer tan grande.
—¿Estará muerta? —susurró uno de ellos.
—No. Mi abuela dice que solo duerme.
Llevaba allí tantos años que los árboles habían crecido a su alrededor y el río había aprendido a rodearla.
Al anochecer, la mujer abrió los ojos.
Los niños huyeron despavoridos al ver sus enormes ojos abiertos.
Ella sonrió.
—¿Habrán terminado de construir la ciudad?
Nunca nadie se atrevió a decirle que llevaba doscientos años dormida.
RELATO 8
EL COPISTA
Cada vez me cuesta más copiar este libro. Por lo que mis cansados ojos pueden ver, se trata de la vida de un gigante que se fue a bañar a un río y ¡hip! no sé si se quedó dormido o se ahogó (ahora que no me ven, otro traguito sería estupendo) pues no sé qué hacía la parejita de arriba a la izquierda ni sé si las letras de abajo son de otro idioma ¡hip!
—¡Hermano Juan! ¿Fue su merced el que robó el vino? —pregunta el abad.
RELATO 9
COSAS QUE PASAN EN GRANÁ
Caminando por el Albaicín, huyendo del calor de Graná, me colé en una tiendecilla cualquiera.
Hurgando entre papeles, un pergamino antiguo llamó mi atención. Pagué dos duros por él y me fui a tomar una cerveza a la Plaza Larga.
De pronto, la gente empezó a gritar y a correr despavorida. El río Darro venía desbordado y de sus aguas emergía una criatura colosal.
Sin saber por qué, saqué el pergamino del bolsillo y lo rasgué por la mitad. Un crujido seco retumbó en las murallas y el monstruo se petrificó al instante.
Y sonriendo, me pedí la segunda caña.
RELATO 10
UN SECRETO GIGANTE
Cada mañana, con el canto del gallo, Sancho y Urraca se introducían en el vecino hayedo arrullado por las líquidas notas del cristalino arroyo.
Un día se toparon con un enorme ser que chapoteaba abrazado por la corriente.
Lejos de asustarse, se acercaron confiados al percibir la noble intención del gigante.
-¡Buenos días tengan vuestras mercedes! -Exhaló con armonía.
-Habíamos oído sobre la existencia de la fuente de la sabiduría...
-¡Pues existo! -Interrumpió incorporándose.
-¡Llenad vuestros odres de este rico manantial y bebed de él cada mañana.
La pareja cumplió el mandato. Y comenzó el progresivo cambio; haciéndose ambos enormes...
RELATO 11
INCOMPRENDIDO
Había nacido así, aberrante a los ojos de los aldeanos, extremadamente alto, obeso, torpe de movimientos, sin gracia.
Sin embargo su corazón era una joya difícil de descubrir tras ese tosco aspecto.
Una mañana urdido por las incomodidades de su anatomía buscó refugio en el frescor del rio, parecía hecho a su medida, pues el agua era cada vez más caudalosa.
Atrapó la mirada de unos labriegos, por las risas de placer que emitía. Poco duró la fiesta, el torrente ahogó su alegría, aunque la muerte fue más dulce que su vida.
RELATO 12
EL GIGANTE RETOZÓN
Apagadas las luces verdes de la biblioteca, el señor Cáliz se disponía al cierre cuando observó, al pie de un estante, un continuo goteo que había ido formado un charco. Destilaba desde el cajón inferior, donde se custodiaba bajo llave la única hoja del manuscrito ilustrado de La naturaleza de las cosas. Agarro el manojo tintineante y lo abrió; extrajo la pieza enrollada, estaba mojada; la desplegó comprobando que el gigante de la escena retozaba en el cauce desbordado del río una vez arrellanado en su lecho. Los testigos del baño corrieron, como la tinta, en dirección al bosque aledaño.
RELATO 13
OTRA PERSPECTIVA
El recuerdo que tenía que aquella imagen era cálido, bonito. Mi tía narraba la historia de una valiente joven que se había metido en el río para refrescarse, mientras sus padres la observaban desde la orilla. Escucharla con tanta pasión me hacía sentir el agua fría y los rayos de sol acariciándome la piel.
Años después vuelvo a encontrarme con la ilustración y soy capaz de leer el texto que la acompaña.
Observo una fotografía completamente nueva. La muchacha, desheredada por sus padres, pone fin a su desdichado destino eligiendo el suicidio…
Me quedo con la versión de mi tía.
RELATO 14
FLOTANDO EN EL AGUA Y EN EL TIEMPO
Doña Sancha Grande de Cazorla, una mañana de 1499, bajó a remojarse en aguas del Guadalquivir.
Cayó al río y sus criados no pudieron rescatarla.
En la bajada, la robusta dama, dejándose llevar por la corriente, creía soñar. Flotaban a su lado objetos que no reconocía: latas, chapas, botellas de plástico...
Al cabo de dos días, Doña Sancha encalló en la desembocadura de Sanlúcar. Cuando abrió los ojos se encontró en 1975, protestando, rodeada de langostinos saltando a su alrededor.
Unos pescadores avisaron a la guardia civil, que al verla anotaron en su informe: ”Mujer indocumentada con delirios de grandeza”.
RELATO 15
CREEMOS Y REZAMOS
En 1148 el pastor Genaro encontró en el Tíber un hueso más grande que él. No era reciente. Era frío y pesado como una piedra.
Lo llevó al monasterio viejo.
Los monjes lo midieron. Noventa y cinco codos, dijeron. Perfecto para nuestra crónica. Le tallaron símbolos y palabras sagradas, y le pusieron nombre cristiano.
Genaro intentó decir: es un animal viejo.
Le callaron con pan y latín.
Ahora el hueso es reliquia, el libro iluminado es verdad, y el mamut por fin es santo.
Y nadie recuerda ya al pastor que tropezó con la Historia antigua por puro aburrimiento.
RELATO 16
ELLAS
“La mujer es una catedral”.
Frase que escuché desde pequeño. Brilla por su grandiosidad. Así veíamos mi padre y sus hijos a mi madre: fortaleza, columna vertebral del hogar. Se hacía gigante ante las dificultades, bastón en el que él se apoyaba.
Siendo mayor, me hice representante de una gran empresa. Camuflaba mi verdadero trabajo: agente especial.
En un viaje, mi madre me dio un corazón para entregárselo a mi novia. Con los años, supe que había sido una misión encubierta, incluso para mí. Mi madre y mi novia pertenecían al servicio secreto. El corazón llevaba un número implícito y oculto: la clave.