Foto Bronislaw Malinowski
RELATO 1
VISIONARIO
Jugó a los naipes como todos los viernes a la hora indicada, al atardecer, en donde el sol se esconde anunciando lo mejor y lo peor de la oscuridad.
Esta vez la suerte se hizo amiga, y como vaticinó el brujo de las chabolas costeras, ganó.
Invirtió todo en los terrenos fangosos y mal olientes de lo que ahora es el mejor paseo marítimo de Málaga.
Sus nietos no sabrán nunca de las necesidades sufridas por su abuelo.
Pedro falleció comiendo día por medio, pero sus tierras fueron con las décadas de un valor incalculable.
RELATO 2
RECUERDOS EN BLANCO Y NEGRO
Conservo en mi retina imágenes en blanco y negro: puertas siempre abiertas, vecinos de mirada bondadosa sentados a la fresquita, fachadas encaladas y viejos pozos escondidos en los patios. Recuerdo el canto incansable de las chicharras, a niños tras una improvisada pelota de trapo y niñas saltando a la rayuela al compás de "un, dos, tres, al suelo otra vez". Los gatos eran dueños de las calles hasta que algún perro quebraba su quietud. Aquella era la Andalucía de seguiriyas y soleares, de tierra recién arada, gentes con sudor en la frente y manos agrietadas trabajando de sol a sol.
RELATO 3
BAJO EL ZARZAL
La abuela Jacinta decía que en la vida había que hacer lo que nos diera la gana. Y eso hacía ella.
Como aquella vez que, con melones impregnados en DDT, arrasó el avispero del zarzal que aterrorizaba a los críos, logrando que pudiéramos bañarnos todo el verano. O cuando rescató a una camada de gatitos que el tío Tomás pretendía ahogar en el vertedero.
E hizo lo que le dio la gana cuando me metió en la cartera cinco mil duros junto a una nota:
"Lárgate del pueblo y sé feliz".
RELATO 4
LOS GATOS SOLUCIONADORES
El Pani y su amigo vivían juntos desde que sus respectivos progenitores murieron.
Las habladurías decían que estaban liados. Vete a saber.
Tenían unos cien gatos y corría el rumor de que con ellos solucionaban problemas por una módica cantidad de pesetas.
Mi madre tenía una venta donde La Farola y unos americanos se habían encaprichado de ella. Durante meses acosaron a la pobre mujer para que se largara de allí.
El Pani, conocedor de los hechos, decidió intervenir. Sus gatos se encargaron de todo.
De los americanos nunca más se supo.
Sería coincidencia, pero los gatos engordaron notablemente.
RELATO 5
CRÓNICAS
Cualquier cosa que pasara en la calle reclamaba nuestra atención: una pelea de chiquillos, un carro que volcara…
Esas eran nuestras distracciones. Pero aquel día Francisco y un servidor, nos sentimos llenos de curiosidad por la presencia de un montón de gatos. No tenían dueño, se alimentaban de lo que pillaran aquí y allá, de las basuras o de algún pajarillo caído del árbol.
Cuando me acerqué vi lo que estaban comiendo. Manolita acababa de dar a luz y a Enrique se le ocurrió tirar a la calle la placenta de su mujer.
Veinte años de males, pensé…
RELATO 6
¡CHAPE, GATO!
Llevaba días desaparecido, no era el primer vecino de la aldea que lo hacía; pero aquella mañana ocurrió algo. En mitad de la calle, una colonia de gatos forasteros se arremolinaban en torno a lo que, una vez ahuyentados los felinos, se reveló como un cadáver carcomido. La boina sirvió para identificar al piconero.
Forzaron entonces las casas de todos los esfumados, no hallando sino esqueletos y pelaje animal en las ventanas abiertas.
Se acostó aquella noche la lavandera cerciorándose de que quedaran bien cerradas. Desde su cama, vio cómo arañaban los cristales. Los gatos habían vuelto, a por ella.
RELATO 7
CITA DIARIA
Quedábamos a diario en el centro de la plaza del pueblo. Íbamos llegando poco a poco. Jugábamos a adivinar cuántos de ellos nos vendrían a visitar hoy. A veces eran muchos y sus colores blancos y negros formaban una maraña de luces y sombras bajo el brillo de mediodía. Permanecían en silencio. Sus miradas y las nuestras no dejaban de cruzarse entre bocado y bocado. Cuando el festín de raspas estaba a punto de acabar, los dejamos tranquilos bajo el sol. Nosotros preferimos seguir nuestro camino y buscar el postre: unos ricos y jugosos ratones.
RELATO 8
REBELIÓN FELINA
Doña Melitona no tenía tres gatos, sino diez; no los hacía bailar en un plato y tampoco les daba turrón, sino pienso, pero los gatos se cansaban del rancho y se iban por ahí a rebuscar en las basuras.
Un día, los michis se reunieron para hacerle ver a la doña que lo que ellos querían era pescado y carne, pero no sabían cómo decírselo, así que, buscaron un intérprete gatoparlante, y lo encontraron: el sobrinito de Melitona, tres añitos pero listillo, que gritó: ¡Pecao y canne, tita!
Y ella entendió.
RELATO 9
ÚLTIMA NAVIDAD DE 1970
Recostado en el banco, que fue su hogar durante años, Ciriaco se preparaba para el último viaje.
Cerró los ojos y retrocedió a su infancia, guardando en una maleta: risas, juegos, sol y algunos gatos a los que disputó la comida; dejando fuera los golpes que el porvenir le propició en su maltrecha vida.
Al día siguiente, al no contestar, un policía revisó sus bolsillos para identificarle.
Solo encontró paz en su rostro y un papel arrugado: un décimo de lotería premiado. La fortuna llegó tarde, pero el niño de La Trinidad se marchó rico de recuerdos infantiles.
RELATO 10
EL DIEZMO
Juan vuelve con tres sardinas. Solo tres.
Lleva cuarenta años pescando y el mar ya no le da más. Los del puerto se ríen: “¿Para eso madrugas tanto?”
Él no contesta. Va directo al muelle viejo, donde esperan siete gatos flacos, desamparados y maullando flojito.
Parte dos sardinas en siete trozos iguales. La otra, para él.
Un vecino le dice: “Si les das todo, te quedarás con hambre”.
Juan sonríe, mirando cómo comen juntos:
“Yo no tengo nada. Ellos no saben por qué los abandonaron. Si comparto, somos menos pobres los ocho”.
Esa noche nadie tuvo hambre del todo.
RELATO 11
MEDIDAS DESESPERADAS
El pueblo amaneció tranquilo, en calma. Los tres recordarían ese día toda la vida. Costaba creer que no hubiese habido ningún contratiempo.
A pesar de las muchas dudas y del miedo, actuaron y ganaron. Se acabó lo de extorsionar a viudas, comprar silencios y arruinar a familias.
Don Anselmo se había esfumado de la faz de la tierra para siempre y aquello donde se concentraba toda su virilidad estaba sirviendo de alimento a una pandilla de gatos hambrientos.
Pronto empezarían las preguntas. Aunque tenían la certeza de que nadie echaría en falta a ese cabrón.
RELATO 12
LO QUE PERMANECE
La foto la encontré en la Feria de Antigüedades. Muestra esta misma calle, hace más de cien años. Está sin asfaltar, rodeada de casas encaladas y escombros. En primer plano, unos gatos devoran algo que no puede distinguirse.
Hoy no queda ya nada. Ni los gatos ni la yegua, ni las personas del fondo apoyadas en la pared, ni los hombres que miran a los gatos, ni el fotógrafo que encuadra, ni quienes usaban las ropas que hay tendidas, ni la tierra del suelo ni los muros siguen ahí. Todo ha desaparecido, salvo el sol, el cielo y el horizonte.
RELATO 13
LAS TRES LUNAS
Éramos huérfanos, huyendo del hambre.
Vagando por calles pobres, una anciana nos dio de comer.
Aparecieron tres gatos. Sonrió, arrugándose su piel cetrina.
—Niños, os presento a Luna Sepia, Luna Azul y Luna Verde. Bajan cada mil años.
Dicen que, cuando llegó la maldad, los dioses descendieron en forma felina para proteger a los inocentes. Desde entonces, nadie debe dañar a los gatos.
—Recordad: los gatos vuelven cuando alguien necesita protección.
Los niños se marcharon, menos yo.
Cerró la puerta.
Me asomé.
Estaba arrodillada ante los gatitos.
—Ya podéis volver a ser dioses —susurró.
Me deslumbró una luz y desaparecieron.
RELATO 14
MANOLO “EL PETACA”
Manolo, “el Petaca”, el cenachero de Almayate, no solo avivaba Málaga, también al gaterío del pueblo. Mi tía Paca, su santa mujer, sabía de qué pie cojeaba. Cuando el tío Manolo volvía de la faena, bien chisposo, el equilibrio le traicionaba. Los cenachos cabeceaban y el pescao caía rodando por las calles, provocando tremendas carcajadas entre los vecinos, que se partían de risa. Parecía el flautista de Hamelín, con todos los gatos detrás, dándose el gran banquete. Mi tía Paca, desde la puerta, remataba la escena:
—¡Manolo, hijo, que hoy vienes sembrando pescao!
¡Menudo salero de procesión!
RELATO 15
MANUEL EL CENACHERO
Manuel, el cenachero, recorría las calles de Málaga pregonando con voz sonora:
—¡Aiii, boquerones de plata!... ¡Manolitas y chanquetes!... ¡Aiii, quién me los compra!
Con sus alpargatas golpeando los adoquines, caminaba manteniendo el equilibrio de los cenachos cargados de pescado. Al mediodía regresaba a la playa, al barrio de pescadores. Allí, una legión de gatos lo esperaba, sabiendo que alguna parte de la mercancía, ya pasada, terminaría en sus estómagos.
Al día siguiente, Manuel volvería a sacar el copo, llenar sus cenachos y recorrer Málaga con su pregón.
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