Autora: Francesca Woodman
RELATO 1
ADIVINANZA
Es una raíz que se alimenta de verdad y de fuego, que bebe un caldo antiguo hecho con los restos del odio y del amor.
Sus ramas delgadas y recias buscan el sol y se mezclan con deseos e inquietudes.
Anhela vivir, crecer, alcanzar la verdad.
Y se topa, una y otra vez, con su propia sombra, con la ira y el desconsuelo.
Después estalla, se calma... y vuelve a empezar.
Soy yo. Eres tú.
Pero no somos ni tú ni yo.
RELATO 2
EL ÚLTIMO GRITO
Había pasado el tiempo suficiente como para olvidar, como para dar por perdidos los huesos tan queridos, como para tener suficiente con los recuerdos contados por padres, por madres, a hijas, a hijos.
Había pasado el suficiente tiempo, incluso, para perdonar. Y lo había intentado. Si había un Dios, sabía que lo había intentado. Pero el día que le confirmaron que los restos encontrados al pie del muro del cementerio eran los de su bisabuela, la rabia, la impotencia y el dolor atravesados, ya, por tres generaciones, se conjuraron en un grito con el que encontró, por fin, la paz.
RELATO 3
EL MURO DEL BIEN Y DEL MAL
En algún momento de esta desesperación que me arrasa, habrán pasado por mi mente las ganas de morir y las de vivir, batidas en singular duelo.
Todos los recuerdos, buenos y malos, en un revoltijo impúdico, pugnan por prevalecer unos sobre otros, dejando mis emociones convertidas en una sopa tibia, sin sabor ni olor.
Un auténtico asco.
Y mientras, la cordura intenta denodadamente no sucumbir ante el despropósito de lo aparente, por no dejarme sola.
Finalmente, siempre gana ella, la cordura, después de partirse la cara contra el muro del bien y del mal, que conforma mi pensamiento.
Estoy agradecida.
RELATO 4
SIGO SOÑANDO
Sigo soñando con tus ojos verdes, reflejo de bosques insondables.
Tu cuerpo se sumergía sinuoso en el agua azul, tus senos se hundían suaves en mi infinito mar de sentidos.
De repente la pesadilla, una mezcla de cemento y ceniza.
Donde terminaba mi sueño comenzaba el muro de tu indiferencia; tu sonrisa, que un día me había seducido, no era más que una boca de piedras falsas.
Me despierto, te lanzo mi grito para que traspase la densa frontera de los amores perdidos.
Es un sonito potente: quiero que las cuerdas de tu guitarra flamenca vuelvan a vibrar otra vez.
RELATO 5
LA HUÉSPED
Se le acababa el tiempo. No sabía dónde esconderse, ni a quien recurrir. Los últimos días habían sido una auténtica pesadilla de la que no lograba despertar.
De pronto se encontró encerrada en una vieja habitación que se estrechaba a gran velocidad. No había escapatoria. Ese algo que la acechaba iba a llegar hasta ella.
Cuando una de las paredes iba a alcanzarla, cerró los ojos y gritó con todas sus fuerzas hasta rasgarse la garganta.
Al abrirlos estaba en el baño de su casa, frente al espejo.
Su reflejo sonrió malévolamente, ya había logrado tomar el control.
RELATO 6
RELAX
Eres un encanto Amalia, gracias por todo.
Qué guapa estás Amalia, siempre tan sonriente.
Tan elegante y esbelta Amalia, es un placer verte.
Escuchaba esto día tras día, atendiendo personas solas, cansadas, invisibles para casi todo el mundo.
Lo que pocos sabían era que necesitaba antes de ir a dormir, una buena dosis de descarga emocional.
Mi espejo era el muro del jardín, que de tanto grito ya estaba agrietándose.
Todo sea por mantener el tipo, como me enseñó mi madre.
RELATO 7
EL AMOR SOBRE TODAS LAS COSAS
Este muro se levantó para separar a dos jóvenes enamorados. Durante años, solo alcanzaron a tocarse furtivamente la punta de los dedos por encima del cemento.
Hasta que un día él desapareció y no regresó más.
Ella lo esperaba cada noche. Apoyaba el rostro contra el cemento y lloraba. A veces gritaba rogando que volviera.
Hoy se extiende una extraña mancha a ambos lados del muro, cada una de ellas trepando por un lado para tocarse apenas en la parte superior. Dicen que es la sombra de los amantes, rozando la punta de sus dedos, amándose sobre todas las cosas.
RELATO 8
BLANCA PALOMA
Frente al muro de su propia voluntad, Paloma bramaba encolerizada. Mientras se maldecía a sí misma, le reprochaba el abandono que le infringió, dejándola rodeada de gente, en la más absoluta soledad, a merced del mejor postor. La adolescencia se la inyectó en vena y desde entonces, caminó por senderos abismales. La ausencia de color invadió su existencia, sólo el blanco, a partes iguales, la aliviaba y destruía al mismo tiempo. -¡Saboteaste cualquier amago de caridad y dignidad que tuve conmigo! Gritaba Paloma. ¡Pero ya nunca más! Lo juré. ¡Solo una sobrevivirá, y no serás tú, puta droga!
RELATO 9
EL GRITO
La vi rígida, con el rostro descompuesto. Su figura simboliza la angustia existencial de toda la humanidad. No es alguien que grita, sino una persona que intenta protegerse de un grito infinito, uno que sintió atravesar el muro tras un día gris. Desde entonces, su eco nunca ha dejado de resonar.
RELATO 10
LADY LAURA
Cada amanecer, Laura recorría las mismas calles buscando una mirada amiga o un rostro conocido. Saludaba, lloraba, suplicaba, pero nadie respondía. Convencida de que todos la ignoraban, golpeaba la vieja pared donde creía ver a alguien familiar escuchándola. Gritaba hasta desgarrarse la garganta, sin comprender por qué su voz jamás cruzaba aquel silencio espeso e insoportable. Los vecinos solo veían una silueta desdibujada, inmóvil frente al muro, como una figura imposible. Nadie recordaba que Laura había sido asesinada allí hacía ochenta años. Solo la pared conocía la verdad: llevaba décadas escuchando los lamentos de quien nunca aceptó su propia muerte.
RELATO 11
SOLEDAD
Suspiró profundamente, recogió Los cubiertos; los llevó a la cocina y fregó un plato, una cuchara y un vaso, como todos los días. Miró por la ventana y contempló el jardín sin cuidar, el columpio, la cabaña medio derrumbada, la barbacoa oxidada y el triciclo sin ruedas medio escondido entre los hierbajos.
Pero lo que acabó de ponerle un cordel en la garganta fue el viejo muro con los números marcados a diferentes alturas y según los hijos habían ido creciendo... Entonces pudo soltar el grito que le quemaba por dentro y que pareció rebotar sobre el muro.
RELATO 12
GRITOS DE LOCA
Ocurría por las tardes; se oían los gritos de la única habitante del poblado vecino. Llevada por la curiosidad, me acerqué al lugar oculta entre matorrales. Aquella mujer le gritaba muy de cerca al muro exterior de la casa colindante con la suya. Pegaba la oreja contra los desconchones y volvía a vociferar. La tomé por loca, y nuestra aldea se olvidó de ella; hasta que los terrenos fueron adquiridos para la edificación de un complejo de turismo rural.
La foto en prensa era escalofriante: una excavadora removiendo escombros, bajo los cuales iban saliendo despiezados y revueltos incontables esqueletos.
RELATO 13
EL RINCON DE PENSAR
Como cada día, acudía fielmente a aquel pequeño refugio que había bautizado como el rincón de pensar. Ese espacio sencillo era para ella mucho más que cuatro paredes. Allí descargaba el peso de las frustraciones, ordenaba sus emociones y daba forma a las ideas que revoloteaban por su mente. Bastaban cinco minutos de absoluto silencio para recuperar la serenidad. Al salir, sentía el cerebro despejado, como si un invisible botón de reinicio hubiera borrado el ruido acumulado y la preparara para afrontar cualquier desafío. Solo una vez renunció a ese ritual. Aquella decisión marcó el peor día de su vida.
RELATO 14
SIN VUELTA ATRÁS
La había advertido todo el mundo: su hermana, su madre, su pareja…
Hasta ella misma. Pero no hizo caso.
«Solo ha sido un aperitivo y tres copitas de vino. Voy bien», pensó.
Pero no era verdad. La lluvia y la mala visibilidad no tuvo la culpa.
Ya no tiene marido, ni hijo… ni vida.
Desde entonces no conduce.
Regresa cada aniversario al mismo lugar. Nadie entiende por qué apoya la frente contra aquel muro y grita en silencio, con tanta rabia. Ella sí.
Una y otra vez se repite aquella maldita frase… «Voy bien».
RELATO 15
LUEGO VUELVO
Por la mañana lleva a los mayores al instituto y aguanta al tutor. Después empuja con mimo la silla de Juanito, camino al colegio especial. "Te quiero, luego vuelvo", le dice.
Pasa a ver a sus padres, limpia, prepara la comida, los besa.
Da largas a la luz y al casero. Antes de la oficina, en casa, deja la cena hecha. La radio habla de guerras, desahucios y sentencias injustas. Para todo eso no tiene solución. Aprieta la frente contra la pared. Grita sin lágrimas.
Se pinta los labios y sale de nuevo.
RELATO 16
DESHACER EL NUDO
La menor de cuatro hermanas, me tocó quedar soltera para cuidar de "madre", papel que nunca desempeñó.
Para no caer en sus provocaciones, decidí callar. Aunque nunca le falté al respeto y la traté con esmero, mi silencio, durante treinta años, le hacía más daño. _Es como hablar con la pared_, aseveraba vehemente.
Mi alma silenciada me ayudó a sobrevivir, por quien dejé de ser, el amor perdido, la familia no creada, mi libertad.
No derramé una lágrima cuando marchó. Grité con todas mis fuerzas para deshacer el nudo que me ahogaba. Y volvió el silencio... pero ya no duele.
RELATO 17
DONDE MUERE EL SILENCIO
Desperté con el pecho oprimido, mi mente estaba nublada.
No reconocía las paredes blancas, ni el grito liberador que llenó la habitación.
El doctor insistía, forzar los recuerdos solo rompería mi frágil estabilidad.
Miré hacia el oscuro rincón.
El silencio era absoluto.
La niña permanecía inmóvil en la silla, observándome fijamente con una rigidez fantasmal.
Un escalofrío me recorrió la espina dorsal.
De repente, me vi bajo la lluvia, contemplando el asfalto mojado donde unas manos pequeñas y ensangrentadas dejaban de moverse para siempre.
La silla volvía a estar desierta.
El peso de la culpa me llevo a la locura..
RELATO 18
EL CUARTO CUARTO
La luna en cuarto menguante apenas iluminaba el caserón donde nos alojamos para presenciar los Sanfermines. Rulfo, nuestro podenco campanero, comenzó a ladrar frente a una puerta inexistente. Eran las dos y media. Un silbido heló el aire. Entré primero. Del techo cayó un libro abierto con la fotografía de una joven. Solo decía: «Desde 1808, espero al único ser incapaz de pronunciar palabra». Rulfo avanzó despacio. Las telarañas comenzaron a retirarse solas. Un grito atravesó los muros y la habitación desapareció. Afuera solo quedaban tres puertas cerradas y una huella húmeda conduciendo hacia la oscuridad. Nunca volvimos allí.
RELATO 19
LAS PAREDES DEL MIEDO
Olivia nunca se enfrentó a su peor enemigo, su miedo.
Para protegerse de sus fantasmas, ladrillo a ladrillo, fue levantando un muro cada vez más alto y gris.
Pero ya sabemos que los fantasmas atraviesan las paredes.
Trás cada jornada, Olivia se desahogaba culpando a los que estaban detrás del muro; pero el atronador eco le devolvía sus enérgicas palabras con aun más fuerza.
Cuando finalizó la construcción del paredón, éste pasó de ser una defensa contra el exterior a convertirse en su cárcel.
Una noche, Olivia atravesó sus paredes; como lo hacen los que como ella son fantasmas.
RELATO 20
UNA MUJER GRITA
Una mujer grita a la pared y parece enfadada.
Pudiera sufrir soledad, desamor, tristeza infinita, y así, en un arrebato de hartazgo grita muy alto un “ahhhhh” muy sonoro desde sus entrañas.
Pudiera ser también que llamara a sus hijos para el almuerzo: los niños subidos a un árbol, no escuchan, no obedecen ; la comida se enfría, el marido está al llegar…
Pudiera estar ensayando una saeta.
Pudiera ser muchas cosas, pero seguro, ¡seguro que la imaginamos triste! ; enfadada, rota, histérica…
Vestimos de tragedia a esta mujer que alza la voz.
Y ella está gritando para comprobar que sigue existiendo.
RELATO 21
FURIA
Te hablo y no me escuchas.
Te grito y callas.
Como si hablara con una pared.
Preferiría que en vez de callar, te resquebrajaras y me cayeras encima, haciendo añicos mi ansiedad y sepultando para siempre mi rabia.
FUERA DE CONCURSO
CORTOCIRCUITO
‒Manolo, yo no digo que lo hicieras adrede, pero admite que fue una putada.
‒Pues... la verdad, no entiendo por qué tiene que molestarte algo así. Es mi carácter, ya me conoces.
‒Precisamente porque te conozco te avisé con tiempo.
‒No tenías que avisarme de nada, Julia.
‒Pues parece que sí.
‒Tú y tus neuras...
‒¿Mis neuras? ¿Tengo yo la culpa de algo?
‒Tú sabrás. Eres tú la que se ha enfadado.
‒No, no me enfado. Solo lo refiero.
‒Lo refieres...con enfado.
‒Bueno, pues ¡tengo derecho a enfadarme!
‒¿Ves? Admites que estás enfadada.
‒Uffffff...
FUERA DE CONCURSO
VUELVE Y NO VUELVAS
Vuelve. Vuelve a sacudirte de mí, a escupirme a la cara, a tirarme del pelo; déjame en el suelo arrastrándome a tus pies, suplicándote que no te vayas, que no me dejes, que por favor, no me dejes.
Te odio.
Te odio y grito tu nombre contra la pared. Ojalá te estrelles en el coche cuando vuelvas harto de vino. Ojalá te mueras. Ojalá te mueras para siempre.
Pero por favor, no me dejes. No me dejes sola, que estoy muy sola, muy sola sin ti; no sé qué hacer sin ti, vida mía.
Pero vete.
Vete y no vuelvas.