Foto Dieter Mathes
RELATO 1
AQUEL GRITO
El estruendo de las chicharras era la banda sonora de otro caluroso y sofocante día en aquel pueblo sin árboles.
Desde la ventana de mi dormitorio, observaba al forastero, oscuro y enorme, que llevaba semanas merodeando la calle. Siempre aparecía cinco minutos antes de que Blanca pasara hacia su clase de guitarra, saltando despreocupada las grietas de la acera.
Blanca era la única luz en ese barrio sin alma, mi oasis en aquel desierto para los sentidos.
Cuando el hombre avanzó hacia ella, mi garganta estalló en un desgarrado “¡¡¡CORREEEEEEEEE!!!”... Y Blanca corrió calle abajo. Nunca más volvió.
RELATO 2
RECUERDOS QUE NO SABEN IRSE
Me cuidas desde las estrellas.
Percibo tu presencia, noche tras noche, cada mañana te siento.
Vives en mis recuerdos, donde sigo siendo pequeñita.
Me sigues llevando al colegio en la moto amarilla, en la Ossa, me cubres con todo tu cuerpo.
Ni el viento se atreve a tocarme.
Cierro mis ojos, oigo tu música.
Quiero acariciarte de nuevo, esos últimos días, en los que con prisas, tuve que entregarte todos los besos y caricias que guardaba para ti.
Volveré a soñar despierta con la calidez de tu regazo, acurrucándome entre tus brazos.
Como cada noche te bajaré de las estrellas.
RELATO 3
SIN ALIENTO
El sol de justicia golpeaba las aceras cuando Lucía salía en estampida, desafiando el estruendo del tráfico.
No miraba atrás.
El viento infló su falda de volantes mientras alzaba su guitarra victoriosa. Sus pies volaban sobre el pavimento, impulsados por la urgencia.
Hay cosas que no le dejan dormir a una niña, pero son peores las que le quitan las ganas de despertar.
Descansó al recorrer la distancia impuesta por el miedo. Acarició la madera, sintiendo el calor del sol fundirse con el barniz.
Apretó el mástil, escupió al suelo y juró que nadie volvería a robarle el aliento.
RELATO 4
POR LA PAZ
Una semana sin bombardeos. Las calles desiertas me animan a salir, cojo mi guitarra y corro hacia el hospital St.Josef, donde niñas y niños se curan de sus heridas, o de enfermedades aún más graves.
Freno en seco. El edificio está calcinado, restos de fuego y humo reciente en las ventanas.
Me desplomo sobre la acera, cubro mi cara con las manos.
Y entonces aparece esa señora:
"Están todos bien, los trasladaron hace unos días al hospital general..."
Le doy las gracias con lágrimas en los ojos y canto fuerte, durante horas, hasta que me quedo sin voz.
RELATO 5
CON LA MÚSICA A OTRA PARTE
Al descubrir su engaño me deshice, uno a uno, de sus instrumentos. El violín cayó tristemente desde el balcón. El saxofón rodó escaleras abajo con un lamento metálico. Desgarré las partituras y el viento dispersó aquellas notas mentirosas. Arrastré el piano al solárium; poseída, grité y lo alimenté con fotografías, cartas, recuerdos... Cuando prendió comprendí que no ardía la madera, sino los años perdidos esperándolo cada noche.
Al amanecer, entre las cenizas, encontré la púa de su guitarra. La guardé en el bolsillo y, sola, caminé hacia ninguna parte. Sentí una satisfacción amarga pero hoy confío en encontrar la paz.
RELATO 6
LA MUSICA NO ES LO MIO
No puede decirse que aquel concierto fuera un fracaso, fue algo peor, aunque no encuentre la palabra exacta para definirlo. Desde el principio, el público permaneció apagado, inmóvil, como una sala llena de bostezos contenidos. Empecé con el primer tema y apenas obtuve unos aplausos tímidos. El segundo murió del mismo modo. A mitad del tercero, un “¡fuera!” atravesó la sala y, de pronto, llegaron los silbidos y los abucheos, feroces y unánimes. No esperé a más, agarré la guitarra y escapé del escenario como quien huye de un incendio. Aquella noche comprendí que la música no era lo mío.
RELATO 7
CANCIONES PARA MARCELO
Cantaba siempre a su amor adolescente emigrado al extranjero. Quince años después la localiza para decirle que regresó, que la sigue amando. Descubrió el mensaje durante el descanso de la actuación; sin terminar de leerlo, agarró su guitarra y corrió olvidando la moto a la salida del club. Llegó a la antigua casa de Marcelo, cerrada. Ya pensaba en convertir su desilusión en nueva composición. Volvió al mensaje, quizás lo imaginó de tanto desearlo. Ahí estaba el que dejara a medias: “Te escucho oculto en una columna para que mi visión no te desconcentre. Estás preciosa, y cantas celestial”.
RELATO 8
QUE SONRISA TAN RARA
Ana entró en la tienda de antigüedades con una ligera sonrisa nerviosa. Mateo, el dependiente, cincuentón, creyó reconocer en ella ecos de viejos juegos de seducción.
Hablaron despacio, como antes, durante un largo rato.
Él se recreaba en su propio encanto. Ana observaba aquella guitarra polvorienta tras el mostrador. Un descuido bastó.
Salió corriendo con ella bajo el brazo. Mateo rió, convencido de que la recuperaría.
No entendió nada hasta abrir el estuche: una foto, él joven, tocando para una mujer idéntica a Ana. Entonces supo quién se la había llevado. Ni siquiera sabía que existía.
RELATO 9
NO, SIN MI GUITARRA
En Berlín, bajo la férrea disciplina de un padre autoritario, la infancia y adolescencia de Silke se desarrolló en un clima blanco y negro, de miedo y represión.
Solo la música ponía color en su vida.
Aferrada a su guitarra, como un apéndice más de su cuerpo, la voz de Silke asomaba a través de las cuerdas del instrumento. Acababa de cumplir 18 años, cuando en noviembre de 1989, como alma que lleva el diablo, salió huyendo sin mirar atrás.
Quería contribuir con su música al derribo definitivo del muro y de los barrotes que le impidieron ser libre.
RELATO 10
ERMUTIGUNG
En la _RDA_ de los 80, continuas movilizaciones en las grandes ciudades reclamaban elecciones libres y el fin de la represión de la _Stasi_.
Anna corrió ilusionada para reunirse con sus amigos músicos, porque había conseguido clandestinamente la última cinta de Wolf Biermann, cantautor en el exilio. Cuando estuvieron sacando los temas con sus guitarras, a su alrededor, un sentimiento de agitación inusual les invadió.
Quién les iba a decir que aquella misma noche del 9 de noviembre de 1989, pasarían a la _RFA_ y que comenzaría la demolición del muro de Berlín.
RELATO 11
LAS CUERDAS QUE LE ATARON A SU MELODÍA
En la misma esquina, desde hace veinte años, yace un hombre junto a su guitarra y su soledad. Las calles escuchan sus melodías, pegajosas como la brisa marina de verano. Una joven se detiene a mirar al hombre que, pese a su situación, conserva unos ojos brillantes y unas manos que hacen magia al acariciar las cuerdas. Desde ese día, aquella calle se volvió imprescindible en su rutina. La pasión que transmitía era algo poco común para ella.
El hombre veía cada día a la joven de mirada cansada observándolo.
Tras el verano, la guitarra seguía allí, él no.
RELATO 12
EL PATIO CHICO
Cuando padre no iba al tablao ensayaba en el patio chico. Las vecinas se arremolinaban dando palmas y yo, Pauli la Chata, bailaba junto a él todos los palos.
Una noche le robaron la guitarra entre humo, copas y el jaleo de los señoritos.
Padre no volvió a tocar.
Hoy la he visto en manos de un hombre que pedía en la estación. La he reconocido por mi nombre, grabado junto a la boca de la caja.
—Suena mal, déjeme apañarla —le he dicho.
He echado a correr con ella calle abajo.
Hoy han vuelto las palmas al patio chico.
RELATO 13
LA DANZA DEL QUERRÉ
Juntas ella y su moto van de viento en viento.
Gota a gota se introduce la velocidad disfrazada de torbellinos
Rugiente van.
Amigas y enemigas del asfalto.
Rompen el arcoíris del sonido, elevándolo al Olimpo de los decibelios.
Compañeras de ilusiones y aventuras,
Ella vestida de colores, su moto de metal, compartida por amores y desamores.
Tubo de escape, humo azul, robado del paisaje.
Olor a gasolina
perfume embriagante.
Aceleración.
Inocente, la carretera se cobra su vida.
Elevándose de puntillas, danzando hacia el infinito.
Una rueda saltó a los pies del compañero, Recuerdo de alegres andanzas vividas.
RELATO 14
SERENDIPIA
Lo recuerdo perfectamente. Fui a llevarle un paquete a mi tía y ella, como agradecimiento, me regaló su vieja guitarra. Mientras bajaba las escaleras sentí algo en mi interior, unas ganas irrefrenables de ponerme a tocar y a cantar. Sí, lo hice; aunque desafiné desde la primera nota.
Perros ladrando, gritos de queja, un bebé llorando y hasta una zapatilla que esquivé por los pelos. Huí despavorida, pero emocionada. Cada paso que me alejaba del edificio sonaba como una canción nueva que algún día entonaría bien.
Entonces, lo supe. Lucharía hasta conseguirlo y… ya son ocho años dando la nota.
RELATO 15
LOS SONIDOS DEL SILENCIO
Alina estaba acostumbrada desde niña a que le dijesen que “era una muñeca”. Su cabellera dorada, sus ojos de un azul profundo y la esbelta figura siempre destacaban.
Pero sin embargo su voz se resistía a salir al mundo, no hablaba, pero tocaba los instrumentos de cuerda con maestría.
Ganaba con su música lo necesario para comer diariamente, y poco más, para aportar en la triste pensión compartida.
La calle era su escenario, por eso salió corriendo cuando le avisaron que sorteaban un puesto en el mejor teatro del lugar. Tenía una corazonada, iba a ganar.
RELATO 16
COMETIERON TRES ERRORES
Stella, considerada en la familia como un elemento discordante, vivía en su mundo y era bohemia y espiritual, como su madre. Ya lo decía su abuela: _niña, tú eres un poco falta_.
Por eso, a nadie extrañó su comportamiento cuando, en el reparto de bienes de su madre fallecida, cogió su guitarra y salió corriendo como alma que lleva el diablo.
Sus hermanos, entre risas y burlas, no eran conscientes de que habían cometido 3 errores.
Uno. Menospreciar el entendimiento de Stella.
Dos. Ningunear la guitarra de su madre.
Tres. Buscar los diamantes de la abuela en el lugar equivocado.
RELATO 17
MI GUITARRA Y YO
Al principio, todo fue bien en la fiesta. Mi guitarra y yo fuimos aplaudidas, pero la cosa fue cambiando hasta que la música, las voces, las miradas, los gestos y la manera de bailar empezaron a asustarme.
Cuando uno de los chicos se acercó a mí con un gesto agresivo y torvo, me planté, le arreé un buen golpe en la cabeza, salí corriendo, entré en el baño, cerré la puerta, salté por el ventanuco de la callejuela, me despellejé la piel y corrí como una cierva perseguida por un león.
Mi guitarra y yo, aunque maltrechas, nos salvamos.
RELATO 18
LA OTRA PIEL
Corre, pequeña, corre. Todo lo veloz que puedas. Salta todo lo alto que quieras porque quieres sentir el instante fugaz en el que nuestros pies se desgarran. Yo te esperaré aquí: proyectada en este asfalto que raspa y muerde mis bordes al seguirte.
Soy un eco que dibuja tus formas imprecisas, que se alargan, encogen y nos deforma a las dos. Pero no puedo sentir las cuerdas que se clavan en tu piel, ni el cosquilleo lento y alargado de la gota de sudor recorriendo tu espalda.
Maldigo mi naturaleza plana, condenada a lamer la tierra mientras tú palpitas.
RELATO 19
TOCANDO EL CIELO
A los once años mi padre me regaló una guitarra, pero yo ya había tomado la decisión irrevocable de convertirme en bruja. Me concentré en estudiar encantamientos y pociones, y la guitarra se quedó abandonada en un rincón.
Cuando cumplí los quince, mi padre ya no estaba, y el propósito de ser hechicera no había salido como yo esperaba. En un arranque de rabia, agarré la guitarra y grité mi mejor conjuro.
Y sucedió.
La guitarra empezó a volar, elevándome con ella hasta el cielo, enseñándome el barrio desde las alturas. Ahora tengo una guitarra voladora. Soy una bruja afortunada.
RELATO 20
NO CORRAS…
—Tú no te preocupes por eso. Ella ya sabe a qué ha venido. Si tiene que correr más veces, no pasa nada. Cobra por ello. Tú céntrate en lo tuyo, como sabes; es lo que nos han pedido y lo conseguiremos.
—Sigue probando… espera… creo que ahora sí.
—No, no nos sirve, le falta fuerza.
—Está cansada.
—Que no, diez minutos más y lo dejamos.
—¡Para! Que no corra… que salte.
—Otra vez, así… perfecto, la tenemos.
—Es justo lo que queríamos: no toca el suelo y la sombra es preciosa.
—¿Y la moto… la dejamos?
RELATO 21
GUITARRA CON ALMA DE MUJER
Luisa ha muerto y no podrá descansar en paz si no cumplo con su última voluntad, ser enterrada con su guitarra. Le apasiona la música, ella y su guitarra son una misma pieza.
Le salen las notas del alma, llora canciones, bebo sus lágrimas.
Se ha ido sin avisar, todavía pienso en ella en presente. Una vez oí decir que mientras alguien pronuncie tu nombre, seguirás viviendo aunque ya no estés entre los vivos, Luisa...
Vuelo con su guitarra en brazos, no llego a tiempo, no veo venir el autobús y...
¿Luisa? ¿Eres tú?
Sí, no corras más, estamos juntas.
RELATO 22
ENAMORADA
Estoy harta de mi novio.
Él solo tiene un amor, no, mejor dicho, tres: la moto, la bebida y, por último, yo.
Nos parecemos; también yo soy así, tengo: la música, el mar y luego viene él.
Ahora me he enamorado de verdad; ella es preciosa, caderas estrechas y un culo perfecto, largas cejas de acero, boca redonda y melodiosa.
Ella es una Martin, huyamos juntos.