Autor anónimo
RELATO 1
SOLEDADES
A oscuras, Juliana recorría el pasillo persiguiendo un lastimero gemido familiar. La puerta del fondo era vieja, antigua la cerradura; la llave de hierro enmohecida colgaba de la pared. La introdujo y giró dos veces; los goznes chirriaron al desplazar la hoja hacia dentro. A su izquierda, en penumbra, una niña encogida en cuclillas; al frente, una joven triste abrazada a sí misma; se asustó al ver su anciana imagen a la derecha, en aquella estancia forrada de espejo.
Martina cerró el libro pensativa, se acercó a la luna del armario. Su reflejo se volteó y desapareció ante sus ojos.
RELATO 2
EL ESPEJO
No es la puerta lo que me intranquiliza, ni la cerradura, sino la llave, o mejor dicho, el precio de esa llave.
Buscarla, dar con ella, probar a ver si abre y finalmente abrir.
¿Mis miedos, mis deseos? ¿Estarás tú misma esperándome?
¿Y si no hay nada? ¿Y si la habitación está vacía?
Llamaré, por cerciorarme. Nadie responde.
¡Me convertiré en humo y entraré por debajo de la puerta!
Echaré el aliento por la cerradura para que se mezcle con el tuyo...
Miro por el ojo metálico y ahí está la respuesta.
Soy yo otra vez.
RELATO 3
VOLVER A LA LUZ
No me di cuenta de que era una cárcel hasta que lo dejé. Los primeros días caminé por un túnel de ansiedad, humo y excusas. Creía que no terminaría nunca. Pero, de pronto, apareció la luz. Respiré hondo. Al volver la vista comprendí que aquel túnel no era un túnel: era la boca de una vieja cerradura. Había pasado demasiados años encerrado al otro lado. Sonreí. Nadie cerró la puerta. Fui yo quien, por fin, encontró la llave.
RELATO 4
NADA
Durante mucho tiempo estuvieron ocultos en el mismo lugar, bajo llave. No me atrevía a asomarme, fingía que no existían para quitarles poder y, sin embargo, se multiplicaban rápidamente.
Soledad, fracaso, sentimientos de abandono, amistades rotas, rechazo, amores que no llegaron a consolidarse… todos mis miedos acababan alimentándose entre sí y unificándose como una losa gigante que me aplastaba.
Solo cuando los separé para empezar a hablar de ellos perdieron ese gran efecto que ocasionaban en mí.
Hoy sigo viendo una cerradura, pero no tengo necesidad de usarla. Ya no hay nada que esconder en esa habitación.
RELATO 5
LABERINTOS MENTALES
Me dejé llevar por la imaginación, bien podía ser una cerradura, o tal vez una ventana morisca.
Y dejando volar la mente me adentré en esa arquitectura tan bella, detrás de pesadas cortinas había gruesas alfombras de estampados para el ensueño y mujeres hermosas reposando sobre ellas.
Luego de esa visión, regresé a mi sitio y observé cómo una vieja llave abría esa puerta de madera.
¡Oh, sorpresa! Se abría ante mí el esplendoroso espacio que había observado anteriormente. Sin dudas todos los caminos llevan a Roma.
RELATO 6
LA CERRADURA DE LOS OLVIDADOS
Los gatos acuden todas las tardes al tejado, me observan atentos.
Alguna vez he abierto la ventana para echarles algo de comida, pero se erizan, me gruñen.
Se mantienen en alerta siempre.
A veces me siento extraño.
Jamás hicieron amago de entrar.
Por qué tienen esa fijación conmigo...
Abren la cerradura de la puerta con llave.
Me quedo paralizado, entran cuatro personas.
—¡Esta es la casa! Hoy recogí las llaves.
Los tres gatos saltan de un lado a otro.
-- Perdonad el desorden y la suciedad, pero es que lleva más de un año cerrada, desde que el anterior inquilino falleció.
RELATO 7
¿BOCALLAVE O VENTANUCO DE ARCO MÁGICO?
Tumbado sobre la hierba, pensaba en el orfanato; no sabían de mi pasado.
A ras del suelo había un decorado de cine con un hueco, de cerradura o ventanuco de arco. Oscureció; solo resplandecían mis manos. Las puse sobre el hueco; se abrió.
Toqué mi colgante; era un sable diminuto.
Un corazón negro sangrante intentó devorarme; le enterré la daga.
Se hizo la luz. Miles de personas con antenas gritaban: «Por fin, libres».
Recordé: mi madre me escondió para liberarlos.
Encontré mi familia; ahora tenía antenas como todos.
RELATO 8
CLAUSTROFOBIA
Sudando, buscaba a tientas una salida; no había ninguna llave.
Sin embargo, antes el llavero colgaba de la puerta, de eso estaba seguro.
En la oscuridad total, solo un rayo de luz muy fino atravesaba la cerradura vacía, como un láser amarillo, apuntando hacia el centro de la celda.
Sus ojos se aferraban a esa esperanza, hilo sutil y luminoso, que desde el centro de la tierra, pudiera conducirlo al aire libre.
Mientras se acercaba al agujero, el techo de la caverna le rozó la frente. Se despertó. Mientras nadaba hacia la salida, comprendió que estaba renaciendo.
RELATO 9
DÉJAME MIRAR!
Leo y Martina, amigos desde preescolar, cuando cumplieron trece años y después de clase, fueron al campo a estrenar la primavera y cazar mariposas. Martina las colecciona para separar las páginas de su diario.
Entre trigales y amapolas, les sorprendió una tormenta.
Para cobijarse, corrieron hacia la casa abandonada donde jugaban desde pequeños.
¡Qué raro! La puerta está cerrada.
-Murmuró Martina.
Leo se apresuró a mirar por el agujero de la cerradura.
Martina, ¿qué hace tu padre ahí dentro?
¡Déjame ver!
¿Y tu madre, que hace encima de mi padre, Leo?
¡Oh! ¡Nooooooo! -Gritaban, mientras huían despavoridos.
RELATO 10
EL ÚLTIMO INVITADO
El sueño que me atormentaba tanto tiempo me llevó hasta allí. La casa, ennegrecida tras el incendio, se encontraba cerrada a cal y canto, las ventanas tapiadas. Solo el ojo de la cerradura me permitiría atisbar algo.
El haz de mi linterna lo atravesó y en el claroscuro observé, con gran asombro, las siluetas inmóviles de quienes creía muertos. Permanecían sentados alrededor de una mesa, aguardando mi llegada. Entonces comprendí que no era un visitante, sino el último invitado.
La tachonada puerta crujió y, sin tocarla, comenzó a abrirse lentamente. Entré, porque despertar ya no era posible.
RELATO 11
NO ABRIRÉ LA PUERTA
Si abriera la puerta, si te dejara entrar, vendrían contigo la aurora, la mar en calma, la brisa fresca de la tarde.
Si abro hoy la puerta, entrarán las sábanas limpias, tu piel suave, los campos de amapolas. Tu mirada. La mía como respuesta. Mi amor. El tuyo.
Pero no la abro.
Escucho tus pasos al otro lado. Los arañazos sobre la madera. Te oigo suplicar bajito.Te digo adiós en silencio.
Te veo, a través del ojo de la cerradura, desaparer poco a poco.
Te conviertes en fantasma. Solo queda esta puerta cerrada y el silencio entre nosotros.
RELATO 12
NUEVE MESES
La cerradura huele a cera vieja, a llave que ya no abre. Por el hueco veo la espalda de mi padre, quieto ante el armario. Cuenta, como cuando jugábamos al escondite: uno, dos, tres. Mete el brazo hasta el codo, sin apartar la cara, sin decir nada. Cuando lo saca, su mano peluda sostiene un reloj detenido en una fecha que aún no ha llegado: mi fecha de nacimiento, dentro de nueve meses.
Pego el ojo a la madera. Antes de que exista, mi padre ya ha empezado a esperarme.
RELATO 13
CASI NADA
En esa alcoba había trastos inútiles, rencores en forma de retratos y regalos que alguna vez la hicieron vibrar de felicidad.
Sobre todo, había pena. Siempre que se acercaba a la puerta que la separaba de todo aquello, sucumbía al deseo irrefrenable de echarse a dormir y no despertar jamás.
Una tarde, absolutamente desquiciada, buscó la llave que abría aquella puerta, sin encontrarla.
En un acceso de ira y llanto, arrancó de cuajo la cerradura y de una patada desvencijó aquella maldita puerta.
No había casi nada dentro.
Solo el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue.
RELATO 14
TESTIGO MUDO
La cerradura, oxidada y eterna, fue el único ojo que jamás pestañeó. A través de su pupila de hierro contempló cómo unas manos arrastraban al pequeño hacia el sótano mientras la lluvia devoraba sus gritos. Durante ochenta años guardó aquel secreto entre polvo, telarañas y silencio. Cuando derribaron la vieja casa, hallaron diminutos huesos abrazados por raíces negras. La madre murió sin encontrarlo; y el asesino sin pagar por su horrendo crimen. Solo quedó la cerradura, inmóvil, contemplando otra vez el horror. Nadie escuchó su muda confesión. Quizá, desde entonces, cada noche siga mirando, esperando otro inocente tras la puerta.
RELATO 15
LA CERRADURA
Una cerradura en la puerta....Observo a través de ella con un ojo, mientras el otro permanece cerrado. Qué situación más extraña e intrigante...Con toda esa información incompleta puedes creer que entiendes toda la situación, cuando en realidad te falta la mayor parte del contexto.
No debemos juzgar a las personas o situaciones con información parcial.
La verdad completa suele requerir abrir la puerta.
RELATO 16
EL MISTERIO DEL TORREÓN
En mi pueblo hay un torreón muy antiguo, resto de un castillo medieval y refugio de murciélagos, telarañas y ratas. El alcalde ordenó cerrarlo con una puerta de hierro, pero los chavales consiguen abrirla y subir por su rampa hasta poder descubrir el misterio que guarda su tronera, una tronera donde las noches de luna llena se vislumbra una figura blanca y de forma humana que a veces se mueve.
Yo estoy subiendo ahora, apartando telarañas y lleno de miedo por lo que me puedo encontrar... y lo encuentro, una losa con algo escrito: "Tonto el que lo lea".
RELATO 17
LAS SIETE LLAVES
El último recuerdo de Fabián le impulsó a regresar al hogar de su infancia.
Todavía resonaban las palabras de su padre, mientras el tintineo de las herrumbrosas llaves hacían de descompasado coro.
Su mano temblorosa se introdujo en el saquito sacando una de las llaves al azar.
La puerta parecía un cíclope espectante, pero la llave certera atravesó su ojo, cediendo al intento.
Una vez dentro, observó con estupor otras seis puertas mirándole al unísono.
Volvió a elegir la llave adecuada. Lo repitió con el resto de cerraduras.
Intentó volver sobre sus pasos, pero las puertas quedaron ciegas para siempre.