Autor Tom Gralish
RELATO 1
SEDUCCIÓN
Tú me convertiste en una piltrafa humana, en lo que soy ahora: un viejo abandonado en la calle donde espero morir sin nadie que me oprima la mano con amor. Me sedujiste, pero ahora te odio, y ese odio que te profeso no me deja vivir ni poner mi alma en paz. Tú arruinaste mi vida, me dejaste sin familia, sin trabajo y sin salud. Demonio vil y rastrero, gusano, hija de mala madre, que ya sé tu nombre sin género, sin sexo, tu maldito género. Eres la Gran Ramera de Babilonia, maldita droga.
RELATO 2
ELEGANCIA ENTRE CARTONES
El frío azota su refugio de cartones.
Entre los indigentes destaca él, con ropa elegante, rota, desgastado por el hambre. Decían que venía de una familia adinerada, un pobre niño rico sin nada.
Observa desde la sombra.
Antes diseñaba vidas ajenas en un estudio brillante, hasta que una traición empresarial le arrebató su hogar y su identidad en una sola noche.
Necesitado, vulnerable, silencioso, camina hacia la barra del comedor social.
Recibe un plato con manos temblorosas y mira al vacío, sus ojos reflejan una soledad absoluta. Siempre se sienta solo a comer, compartiendo con los desconocidos el mismo abismo.
RELATO 3
HOGAR, DULCE HOGAR
A Pancho le encanta comer bien. Vive en la calle, como muchos _homeless_ en el paseo de la fama de Los Ángeles. Los lunes va a la trastienda del Mc Donald; Teresa le da decenas de hamburguesas caducadas. Los martes, miércoles y jueves recorre los contenedores del Tire Shop Taqueria. El resto de la semana vienen los voluntarios a repartir bolsas de comida.
No necesita nada más. Doce horas al día, su caja se convierte en mansión, sus sueños en triunfos y su familia en la más deseada de Hollywood. Porque su refugio, su ilusión, es el fentanilo.
RELATO 4
EL REY DEL PUENTE
Mi madre casi estampa el coche al entrar a la autopista. Sobre el puente, a plena luz del día, un tío en cuclillas meaba con todo el culo al aire y los huevos al viento, refugiado apenas por una caja de cartón rota. Nos quedamos en shock, traumatizadas, procesando la escena. La peña gasta dinerales en terapia para soltar lastre, pero aquel tipo había alcanzado el nirvana absoluto a su manera. Un asco brutal, sí, pero entre el freno y la risa histérica con mi madre, me sentí ridículamente viva.
RELATO 5
SANTI PARA LOS COLEGAS
Recuerdo bien aquellas calurosas tardes de octubre del 26, cuando nuestros cachorros increparon a hordas de guarros acampados en Sol. “Rojo muerto, abono pa mi huerto”. Yo me descojonaba al verlos correr; aún recuerdo el sonido de sus botas contra el pavimento.
En noviembre ganamos. Disfruté como nunca. Incluso me corrí. Prometimos limpiar las calles, callar las protestas, devolver España a sus dueños. Nadie preguntó quiénes eran.
Hoy es 6 de diciembre de 2056. No hay Día de la Constitución. Nos lo llevamos todo por delante.
Hasta yo he perdido mis derechos. Arriba España.
Cómo echo de menos la Moncloa.
RELATO 6
INVISIBLE
Soy invisible. Quienes me ven apartan la mirada, avergonzados de mi presencia. Me rodean sin acercarse, como si la desgracia fuera contagiosa. Ignoran que ayer yo también pertenecía a su próspera sociedad. Tampoco preguntan.
¿Para qué?
Aquí nadie detiene la marcha.
Si tropiezas, te quedas atrás.
Primero pierdes el paso, después, el nombre.
Te conviertes en un paria, un intocable, una sombra contra la pared.
Los observo abrir un vacío a mi alrededor. Duele, pero los entiendo: yo también miraba hacia otro lado.
Ahora dicen que soy diferente.
Lo soy. La vida me dio una lección que jamás olvidaré.
RELATO 7
UN REBOTE A LA REALIDAD
Éramos jóvenes, llenos de sueños. Triunfé, crecieron los negocios y también la familia. Cegado por el éxito, abandoné a mi esposa y a mi hijo por una mujer famosa.
El dinero llovía, hasta que ella me cambió por alguien más poderoso. Quebraron mis negocios y acabé durmiendo en una caja de cartón.
Una noche, reconocí un perfume. Alcé la mirada: mi antiguo socio caminaba del brazo de aquella mujer. Me miraron y siguieron de largo.
Entonces comprendí que mi verdadera fortuna nunca estuvo en los bancos, sino en aquel hogar que cambié por la opulencia y que jamás supe valorar.
RELATO 8
CUANDO MIRAR NO ES VER
Aunque no lo parezca, sucedió sin esperarlo. Durante un paseo por la gran manzana su objetivo se topó con algo que merecía la pena ser inmortalizado.
La fotografía tuvo mucho éxito; ocupando un lugar privilegiado en grandes galerías y dando pie a conversaciones muy dispares sobre lo que su autor había tratado de transmitir con la imagen.
Lo gracioso era que el impulso de capturar ese instante nació de un pensamiento muy simple: cualquier momento es bueno para comer. Lo triste fue que nadie se preguntaste cuál era la historia de aquel hombre que vivía en la calle.
RELATO 9
YA QUEDA POCO
Se llama Hans. Hace años llegó a la ciudad, encontró un trabajo haciendo hamburguesas y envió a su familia una carta con un billete de veinte dólares. “En cuanto reúna dinero para los pasajes se los mando para que viajen acá”. Luego llegó una enfermedad y con ella la ruina. Cada mes, y ya van más de trescientos, escribe con la misma cantinela. Siempre añade un billete. Aunque no tenga nada que comer, aunque no tenga techo. En la dirección de sus padres ya no vive nadie. Él sigue añadiendo “ya queda poco para reunirnos, confíen en mí”.
RELATO 10
JACK, EL DESCONOCIDO
En la calle, tras un cartón, se guarecía James, cuando Jack impactado al verle, se acercó y le ofreció comida. La devoró sin levantar la vista del plato. Ocho años antes ambos compartieron despacho laboral, hasta que James fue despedido. No pudo superar la muerte de su mujer, atropellada una noche fría por un desconocido borracho que se dio a la fuga. La depresión y el abandono personal le echaron a la calle, abrazado a su rutina diaria: la supervivencia. Jack rompió a llorar, le embargaba la culpa. Por eso, desde entonces, juró cuidarle; aunque sabe que jamás le perdonará.
RELATO 11
MARIQUILLA LA LOCA
En Málaga, concretamente en el barrio de la Victoria, deambulaba un personaje menudo y regordete, con una cesta llena de objetos variados, incluso piedras para defenderse de los insultos. Era el terror de los niños.
Cuentan que procedía de una buena familia, pero perdió la razón al ser abandonada por un conocido torero del que se enamoró. Dicen que llegó a caminar desde Málaga hasta Sevilla para verlo.
Terminó ingresada en la sala 21 del Hospital Civil. A veces salía tras recibir tratamiento, más tranquila, serena y aseada, hasta que llegó el día en que nunca volvió a salir.
RELATO 12
CORTITO Y AL PASO
Cansado ya de sufrir las burlas cotidianas decidió marchar a la ciudad de las luces, allí pasaría desapercibido.
Corto, Peti, Enanín, todo eso le decían menos su nombre: Vicente.
Pronto transmutó penas en bendiciones, no era que tuviese dinero, pero casa portátil, comida de restaurante y ropa abrigada sobraba.
Lo más importante, todos le ayudaban, no importaba su aspecto.
Al fin y al cabo la Felicidad no es una meta a la cual llegar, sino un modo de viajar.
Y lo había encontrado, con su casita a cuestas como el caracol, y sus oídos descansando de las burlas.
RELATO 13
EL AMOR NO PUEDE SER CIEGO
De la mano de su mamá, Lucinda regresaba afligida del oftalmólogo. Día a día, se iban difuminado los objetos a su alrededor, parecían desteñidos. A los pies de una señal urbana, vio algo extraño: un hombre de reducida talla se protegía comiendo en una caja de cartón. Se detuvo, hurgó en el bolsillo y sacó unas monedas que depositó junto a él.
Su madre no quiso corregirla, decirle que se trataba de una pintura realista callejera que la lluvia disolvería.
Aquella noche, la visitó en sueños el hombrecillo; al despertar, abrió su balcón y sonrió a las flores, eran cristalinas.
RELATO 14
SESIÓN CONTINUA
“El teatro de la vida no necesita apuntador, cada cual improvisa su texto y se mueve libremente”.
Pero no, no es así, ni mucho menos. La suerte es viciosa y el destino caprichoso con unos y con otros.
¿Mandan las circunstancias?
En el caso de Taylor, sí. No bebía, nunca bebió. No era jugador, ni mujeriego…, pero los fluidos de su cerebro, por decirlo de alguna manera, chocaban contra la realidad. Prefirió aire más que techo, calle más que salón, soledad más que engaño. Y hoy piensa que la felicidad es comer un plato frío de spaghetti bajo la lluvia.
RELATO 15
ABRE LOS OJOS
Los domingos Andrés se levanta tarde. Rosa ya ha puesto la mesa y los chicos pelean por el mando de la tele. Él los separa, le roba un trozo de tortilla a la mayor y se queda mirando a Rosa, que se ríe sin darse cuenta.
—Estás tonto —dice ella.
—Un poco, sí.
Quince años y todavía le tiemblan las manos cuando le toca el pelo.
Un camión de basura frena en la calle. Andrés abre los ojos. Tiene frío. Se incorpora en la caja de cartón y busca en el bolsillo el pan de ayer.
—Ya voy, cariño —dice.
RELATO 16
UNAS CASTAÑAS CALIENTES
Hipólito era millonario. Fingió la ruina y se sentó bajo una caja de cartón en la avenida mojada. Pasaron sus hijos, sus yernos, y miraron hacia otro lado. Lloviznaba. Él anotaba nombres para borrarlos del testamento. Solo una niña se detuvo, con paraguas transparente y un cucurucho de castañas calientes. No sabía que era su abuelo; creyó ver a un viejo hambriento. Se agachó y compartió. Hipólito lloró y anotó un nombre. Bajo el cartón, por fin supo a quién dejarle todo. Su fortuna no compró amor, pero aquel gesto pequeño de conmiseración valió más que todas sus propiedades juntas.
RELATO 17
METANOIA
El CEO de la empresa para la que trabajo, no volvió nunca más a su despacho.
Era un buen hombre, justo y amable, pero las sombras oscuras bajo sus ojos, dejaban constancia de una tristeza irreparable en su interior.
Decían algunos que no se había recuperado de un desengaño sentimental.
Meses después, lo encontré por casualidad en la calle. Un mendigo con la mirada perdida, en un despacho de cartón.
Me reconoció y habló antes que yo:
_Metanoia, muchacho._
_Una transformación profunda de pensamiento. No me gusta ya el mundo ni el río de lodo por el que navega._
_Simplemente._
RELATO 18
PODRÍA SER YO
Lo veía cada mañana. A veces cambiaba de acera para evitarlo. Me dolía verlo, me estremecía. No podía comprender cómo aquella caja de cartón se había convertido en su hogar.
Un buen día, al salir del trabajo, recibí una llamada de mi jefe, la empresa había quebrado. Mi mente se oscureció. Hundido y desesperado, busqué quizás un poco de compasión y me dirigí a casa, donde encontraría el consuelo que tanto necesitaba. Al llegar, mi pareja me recibió con una noticia: quería separarse.
—¿Qué más podía pasar?
—pensé.
FUERA DE CONCURSO
¿POR QUÉ SUFRES?
Hoy es un día perfecto.
Volver a casa después de una dura jornada, sentarme frente a la ventana disfrutando una sopa caliente contemplando la lluvia, perderme en la lenta lectura de un viejo periódico olvidado, entre gotas que golpean los paraguas de los que caminan deprisa hacia ninguna parte… Qué felicidad.
A veces, se os escapa lo importante de la vida. Esas pequeñas cosas que pasan de largo, como una bandada de gorriones.
Aquí, a ras de la acera, el tiempo se detiene pero el mundo sigue girando ahí fuera, mientras yo estoy a salvo, ausente de vuestro ruido.