Autor Jean Dieuzaide.
RELATO 1
LO QUE EL NUEVO VIENTO NO SE LLEVÓ
Casas encaladas, ancianas tejiendo, vestidas de negro.
El turismo cambió todo: de ‘rooms’ en vez de cuartos.
Mi abuela se abrió a los nuevos tiempos; alquiló hasta la cuadra de caballos.
Me mandaron a estudiar; los días de río, ganduleo con amigos acabaron.
Me llevaron al destierro en el Seat de mi padre, nuevo rico.
Años después regresé.
De casas típicas a edificios.
Quedé desolado.
La chimenea, los cocidos, pucheros… el olor de antaño, la abuela, su brasero, la esencia del hogar a pesar de la modernización.
Me llenó de paz
Estrujé el papel en el bolsillo; volví a intranquilizarme.
RELATO 2
CUMPLIENDO DESEOS
Saturnino echaba el día en la calle, cartel en mano ofreciendo publicidad de todo tipo. Hoy tocaba la pensión Ramírez, las habitaciones eran el señuelo perfecto para ejercer el verdadero negocio: cumplir deseos.
El cliente quedaba con Saturnino, éste lo llevaba hasta allí y por una módica cantidad podía pasar el día entero consiguiendo sus fantasías.
Hoy acompañó a León Pérez a recepción y allí entregó un sobre con bastante dinero.
Le dieron la habitación número 8.
Entró y lo que vio lo dejó estupefacto: cajas y cajas de chocolates y bombones.
Su deseo: comer chocolate hasta reventar.
Deseo cumplido.
RELATO 3
LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON
Nos miraba con pena, rindiéndose ante nuestro futuro, aunque decía ser un visionario. Nosotros solo veíamos a un padre cansado con seis bocas que alimentar.
Durante el boom turístico hizo su agosto: vendía helados, alquilaba sombrillas y paseos en burro. Por las noches dibujaba encalados apartartamentos entre chumberas con una piscina frente al mar; después añadía tumbonas, una ducha... Prometía que seríamos ricos.
Pero el verano pasó, luego muchos veranos más. El dinero siempre faltó y los planos volaron en aviones de papel. Con los años entendimos la verdad: no era un visionario, solo un hombre obstinado que soñaba demasiado.
RELATO 4
ARRENDATARIO POR UN DÍA
Cada día, Pierre se asomaba al mundo, observando la rutina ajena y ofreciendo a turistas y forasteros un espacio donde descansar y guarecerse del mundanal ruido. Mientras esperaba a los clientes, imaginaba las vidas que dormirían esa noche en las habitaciones alquiladas: soledades, pasiones, desengaños, verdades y mentiras...
Al mediodía se le acercó una señora elegantemente vestida y perfumada.
Le ofreció un talón por las tres habitaciones que quedaban libres.
La cantidad a pagar triplicaba el total requerido. Sólo una condición le puso, que Pierre aceptó encantado. Ellos dos harían uso de las tres habitaciones hasta el día siguiente.
RELATO 5
HABITACIONES
Ya estaba acostumbrado el vecindario a su figura escuálida, su pantalón dos tallas más de la precisada y su boina negra. A Ramoncín nadie le prestaba demasiada atención; para unos, sólo era un simple discapacitado mental; un esquizofrénico que mezclaba idiomas en un cartel, para otros.
Se las pasaba en mitad del tráfico ofreciendo habitaciones. No eran pocos los desesperados que, en busca de alojamiento, se dirigían a él, negociaban y lo seguían hasta su casa.
El mudo del quiosco, allí todas las horas del día, lo veía entrar cada día con alguien diferente, pero jamás vio salir a nadie.
RELATO 6
DONDE COMIENZAN LAS SEÑALES
No fue idea de Tomás lo de promocionar los apartamentos así, pero era un mandado. Todas las mañanas el mismo ritual.
Nadie parecía prestarle atención, excepto un hombre que siempre aminoraba la marcha para observarlo detenidamente. Tardó unos días en darse cuenta de que el verdadero interés del conductor no residía en sus carteles indicativos.
No se conocían. No habían hablado. Aunque ambos esperaban con ansia ese momento en el que se dedicaban breves miradas cotidianas que guardaban más significado del que reflejaban.
Una mañana, Tomás le guiñó un ojo y el otro le sonrió. Estaban listos para dejarse llevar.
RELATO 7
MÁS LISTO QUE EL HAMBRE
Papá, que había trabajado toda su vida en el campo cuidando el ganado de los señoritos, o robando "caña dú" para venderla por las casas para que a nosotros, que éramos seis, no nos faltara un plato en la mesa, a finales de los años cincuenta tuvo la genial idea de acondicionar unas pocilgas abandonadas para alquilarlas como habitaciones a los primeros bohemios y hippies que venían de allende los Pirineos a la Costa del Sol.
Aquella iniciativa, que se mantuvo durante años, sin licencias ni permisos, permitió que todos sus hijos, incluido yo, pudiéramos estudiar una carrera.
Gracias papi.
RELATO 8
MI TIO JULIAN
Mi tío Julián era un tipo curioso.
Ahí donde lo veis, con su boinica y sus pantalones de pinza, fue uno de los primeros empresarios del sector turismo en la Costa del Sol.
Él, se dio cuenta que venían muchos guiris al pueblo; y como tenía un cortijo con muchas habitaciones, comenzó a sacarle pelas al asunto.
Por aquel entonces mi tía ya había muerto y mis primos eran ya mayores.
Así que hizo de aquel vacío inmenso, lugar de encuentro y cajero automático.
Fueron mis mejores veranos, haciendo mias todas aquellas historias y vidas diferentes.
RELATO 9
MENSAJE DE TEXTO
Me escribe desde su tierra, no sabe quién soy, no sé cómo tiene mi móvil. No le contesto, y a él no le importa demasiado, tampoco sabe si soy un hombre o una mujer.
Me dice que vende de todo, pero no le llega para comer. No le llega para nada. Su familia lo espera, su madre, delicada y desnutrida, sus hijos, en el nido, abriendo sus boquitas desde el jergón cuando su padre llega.
Me pide ayuda, y yo no le contesto, no lo borro, ni lo ayudo porque no me han programado para ayudar.
RELATO 10
UNA COSA LLEVÓ A LA OTRA
Jacinto, un hombre soltero como se decía antiguamente, vendió unas tierras que tenía en Igualada.
Harto de labrar, quiso probar fortuna en Barcelona, adquiriendo con el dinero ganado, una casa en las afueras. Alquilaba las habitaciones para los guiris. Con el dinero que ganó, compró una licencia de taxi que también le reportó pingües beneficios.
Así fue adquiriendo negocios. Una cosa llevó a la otra, hasta hacerse millonario.
Jacinto, una noche cualquiera, reparó en que estaba absolutamente solo y decidió desaparecer.
Dicen que le han visto en una playa de Filipinas, vendiendo pescado.
Una cosa llevó a la otra, supongo.
RELATO 11
EL MURRI
_El Murri_ era un tipo flaco, cojo del pie derecho y peludísimo. Había dejado el pueblo para emplearse en las fábricas de Badalona, pero por su pinta desaliñada nadie lo había querido contratar. Su facha de paleto, sin embargo, le ayudó a encontrar un filón: alojar turistas. Con algo de teatro, conseguía instalar viajeros adinerados en pensiones modestas, ganándose un buen dinero, aunque todos creían que lo estaban timando.
Consiguió su apodo hospedando a la mismísima Evita Perón, por 200 pesetas, en el cuartucho de la viuda Montserrat, por el que ningún español habría pagado jamás más de cuatro duros.
RELATO 12
CHORIZO
Paco no sabía ni papa de inglés, pero le sobraba fe en el mercado internacional. Se plantó en la carretera con su boina y aquel cartel que le pintó el sobrino. Esperaba un Jaguar, pero lo que frenó en seco fue un Pegaso cargado de cerdos.
—¿"Rooms"? —preguntó el camionero, señalando el cartón.
—¡Qué va, hombre! ¡Pone "Ron"! —dijo escondiendo el cartel—, pero tengo algo mejor.
Paco le convenció de que su boina refrescaba más que un botijo a la sombra y se la cambió por dos chorizos. En aquella Barcelona de 1950, el "business" era, básicamente, no pasar hambre.
RELATO 13
LOS AÑOS DIFICILES
Fueron años difíciles. Lo pasado había sido duro, muy duro.
El ingenio, como ocurre en estas situaciones, siempre se agudiza.
Por eso aprendió a esperar en las esquinas donde el tráfico se detenía un poco más. Allí levantaba el cartel con una paciencia casi solemne, como si ofreciera algo más que una habitación, un respiro.
Los conductores lo miraban de reojo, midiendo su cansancio contra el suyo propio. Algunos seguían de largo, otros bajaban la ventanilla. Entonces él señalaba la calle de detrás, donde una casa modesta abría sus puertas. No era negocio, pensaba. Era simplemente seguir adelante.
RELATO 14
EL VENDEDOR
El vendedor callejero, con voz desgastada, pregona sus mercancías. Sufre la incertidumbre del día, pero goza de la libertad de la calle. Gente, paisajes, olores... cada jornada es un mundo. En cada puerta, una historia; en cada rostro, un encuentro. Su voz se mezcla con el ruido de la ciudad, creando una sinfonía callejera. Al anochecer, cansado pero vivo, recoge sus cosas, sabiendo que mañana será otro día.
RELATO 15
HONESTAMENTE
La vida no es fácil para nadie.
Me llamo Manolo y nunca tuve estudios. Trabajé en el campo hasta once años después de casarme. Tengo tres hijos.
Motril empezó de la nada. Nos ganábamos la vida con la caña de azúcar, unos cosechàndola y otros en las fábricas. El clima nos salvó la vida. Empezaron a llegar extranjeros y fue un no parar.
Bendita la hora en la que se me ocurrió alquilar las habitaciones de la casa de mi madre cuando ella falleció.
Hoy día soy el propietario de cinco hoteles en la costa.
Nunca le robé a nadie.