Foto autor anónimo
RELATO 1
REGALO SORPRESA
Queridos Reyes Magos:
Con tres meses de antelación, disfrutando unas vacaciones en el paisaje más bello que he visto en mi vida; aprovecho la ocasión para enviaros mi carta desde la isla de Senja.
Según mi psicóloga, este año me porté bien, y como he progresado adecuadamente, desearía pediros un regalo especial: Un compañero de viaje que transite conmigo el resto del camino hasta llegar a la meta; y que reúna los siguientes requisitos:
-Del contenido, parecido a mí. Que desee una relación indefinida, y no a tiempo parcial. Un buen hombre, de mente abierta, amable, caballeroso, con sentido del humor. Tranquilo, que sepa escuchar, conversador, de pensamiento liberal, con inquietudes culturales. Estable, amante de su rutina y respetuoso con la mía. Compatible con mis aficiones. Valiente ante las emociones y comprometido con los afectos.
-Del continente, de mi edad, o más joven. De aspecto informal, pero saludable. De mirada noble y pícara sonrisa.
No más príncipes relucientes, no más depredadores del amor.
Y si hubiera que devolverlo, que pueda ser antes de conocerlo.
Si en estas fechas no lo tenéis en almacén, acepto un vale con algunas pistas para poder localizarlo por mi cuenta.
Abrazos para los tres.
M.G.B.
RELATO 2
LA FANTASIA SE REPITE
Jamás olvidaré aquél maravilloso espectáculo, un diálogo luminoso entre cielo y tierra que como una inquietante fotografía se nos mostraba para nuestro deleite. Nuestros hijos, absolutamente hipnotizados, no parpadeaban y con los cambios de colores creían ver lo que su imaginación buscaba en el horizonte. Mira papá allí está, he visto los alces tirar del trineo y a Santa Claus guiándolo. ¡Se han escondido detrás de aquélla montaña!
Nosotros, abrazados y disfrutando de la magia del momento señalábamos con el dedo. Sí, míralo, por allí va, ya lo veo. Decía mamá.
La felicidad de sus miradas nos hicieron ver que su imaginación no sólo era fruto de su inocencia sino que también a nosotros nos atrapó en ese momento que la duda empieza a hacerse más frágil para poco a poco dar paso a un mundo alucinante.
Por que sí, también nosotros lo vimos, y escuchamos el dulce tintineo de sus campanillas al pasar.
Hoy, nuestros hijos tienen los suyos y nos reunimos cada año para revivir aquélla postal de colores y espectáculo y como en la primera vez dejamos que sus ilusiones inunden de gozo la Navidad. Porque en ella está la fantasia y la imaginación de nuestros pequeños.
RELATO 3
¿NOCHEBUENA O DÍA BUENO?
Queridos míos:
Esta NOCHEBUENA será diferente, aunque no nos faltará el pavo, "reofilizado", por supuesto, y asado no sé cómo, ni el turrón, partido con las manos, pues no tenemos cuchillos. Beberemos agua, lo único que nos permiten.
Pero sé que ahí, en España, estaréis brindando por mí, tan lejano, pero tan deseoso de abrazaros con todas mis fuerzas. Ni siquiera sé si nos dejarán comunicarnos con nuestras familias. Celebraremos la NOCHEBUENA o el Día bueno, vaya usted a saber. No tenemos espacio para montar el belén, ni siquiera para el árbol pero, aunque así fuera, ¿Os imagináis las bolitas flotando? ¿A que sería gracioso? Tampoco podremos bailar: resultaría chungo y, además, esto es muy pequeño y tropezaríamos unos con otros. ¿Estrella? No una, sino todas, un cielo negro repleto de estrellas que no parpadean, de verdad, no de oropel y, allá, a lo lejos, un punto azul celeste, un minúsculo punto lleno de vida, donde estáis esperándome: la Tierra.
Desde el espacio sideral, desde esta pequeña nave, os desea felicidad vuestro padre y esposo.
RELATO 4
QUERIDOS REYES MAGOS
Al apagar la luz de la mesilla de noche, reparó en la carta de su pequeño dormido. Una lágrima se le escapó leyendo la lista de regalos:
“Deseo ver la nieve, escuchar el sonido del mar y contemplar una aurora boreal”.
Pensó en conseguir una máquina de las que usan en las películas para crear los copos; recorrería kilómetros en busca de una caracola donde oír el rumor de las olas; y con su avioneta de fumigación arrojaría pigmentos luminiscentes sobrevolando la casa.
Siguió leyendo: “No pediré nada más, nunca. Apenas me quedan unos meses de vida”.
RELATO 5
CABO GRANDE
Está historia no va de ningún personaje especial, ni de la navidad, ni de elfos,ni renos.
Va de un lugar mágico, abrigado entre montañas, al que los antiguos navegantes llamaron "CABO GRANDE".
En las largas noches de diciembre, cuando más temían a las fauces gélidas del mar del estrecho, brillaban aquellas luces verdes, casi mágicas por las que reconocían a la bella Rusadir.
Al girar el Cabo Grande, aparecía la imagen serena de aquel lugar acogedor, rodeado de montañas, donde refugiarse del furor del mar.
El tiempo hizo que los pueblos navegantes más diversos y aventureros comenzarán a asentarse allí.
Cada uno traía consigo su creencia, su cultura, su tradición
Esa mezcla de sabiduría se convirtió en un regalo para todos aquellos pobladores que se quedaban allí.
Los resplandores se repetían cada diciembre, haciendo que el pueblo asentado tomara por costumbre hacerse regalos en esa fecha.
Para recordarse a sí mismo que aquella Rusadir nació de la mezcla hermosa que el mar iba llevando de forma tan aleatoria.
Hacían sonar campanas, voces, guitarras, panderos, trompetas y encendían luces de colores brillantes,
que representaban a aquellos primeros navegantes que llegaron a aquel mágico lugar, cada uno como un regalo nuevo.
RELATO 6
LA SONRISA DE LA LUNA LLENA
El Sol y la Luna son amantes condenados a rozarse en los límites del tiempo. Él despierta cuando ella se duerme entre bostezos de seda, pero su atracción late tan inconmensurable, que su buena estrella les ayuda inventando pigmentos en el firmamento y mil maneras de encontrarse.
Hay momentos en los que el Sol permanece colgado más horas y pinta el cielo de naranjas y rosas, para que la Luna pueda asomarse antes de tiempo. Otras veces, la Luna se vuelve casi transparente y flota desafiando al día, fingiendo ser una nube. En el instante que logran abrazarse, eclipsan al mundo que, asombrado, queda sumido en la oscuridad.
Dicen que también se escriben mensajes. El Sol los esconde tras la montaña en los atardeceres, y la Luna responde sobre la arena de la playa creando mareas y brillos de jade y plata.
Nadie los ve besarse, pero el efecto de su amor reaulta tan sobrenatural, que se siente en la explosión de estrellas de una noche de verano, en el trino que anuncia la luz del amanecer, en la sonrisa contenida que delata a la Luna llena.
RELATO 7
EL ANILLO DE MAGIA LÍQUIDA
Había decidido pasar los últimos momentos del año en solitario, en un lugar en donde sabía que no encontraría estruendosas uvas, ni fulgores exacerbados; sólo él consigo mismo.
Se encontraba en un paraje cercano a Sisimiut, situado al oeste de Groenlandia, rodeado de abetos, montañas y nieve, con tan buena suerte que despediría el año observando preciosas auroras de color verde.
Justo a las 24:00 del 31 de diciembre, salió de su tienda de campaña a recibir el nuevo año con aquellos espectaculares destellos en la atmósfera.
El ambiente había adquirido una tonalidad casi esmeralda, cuando encontró un objeto semi oculto en la nieve, que resultó ser un anillo transparente.
Repentinamente, un hilo líquido y brillante comenzó a descender de la aurora directo hacia el anillo, tiñendolo de un hermoso color agua marina resplandeciente.
Asustado, aquel hombre pensó que estaba bajo los efectos del ron con el que había acompañado su frugal cena, pero aquello era real.
Instintivamente se puso el anillo, adquiriendo la capacidad de transportarse a otras realidades.
Tras tomar conciencia del poder que le otorgaba aquel anillo, decidió buscar un nuevo mundo en el que vivir, convencido de encontrar seres maravillosos con quienes compartir su existencia.
RELATO 8
LA ESTELA MÁGICA
Bajo el cielo ártico, la aurora danzaba como un secreto antiguo. Las montañas, cubiertas de nieve, guardaban silencio, mientras el bosque respiraba un aire gélido . Un viajero se detuvo, pequeño ante la inmensidad verde y azul, y recordó por qué había venido tan lejos: para escuchar.
Las luces susurraban historias de hielo, tiempo y paciencia. Cada sombra era un recuerdo. Cuando el frío mordió sus manos, sonrió. Sabía que aquella noche quedaría viva, brillando para siempre dentro de su memoria.
El horizonte se abrió, y el mundo pareció agradecer su mirada atenta y humilde en silencio. Abrió los ojos y vio cómo tres personajes cruzaban en una estela azul. Parecían reyes, por los reflejos dorados de sus ropas. Los tres seguían a una estrella estelar que cruzaba ante su mirada un tesoro de paz y maravilla.
RELATO 9
UNA HISTORIA CUALQUIERA
El cielo reflejaba los colores del invierno de una manera familiar y única, como si leyera su alma, fría y azul.
Sabía que le esperaban días de duelo, pero también sonrisas y disfrute con los pequeños. Aún así sentía la reticencia de su alma por volver. El amor no era suficiente para calmarla.
Allí había vivido lo mejor y lo peor de su vida.
Se concentró en la escena de dolor que viviría al llegar. Imaginó a su hermano roto por la pérdida, a su suegro aniquilado. Todo para calmar la angustia, pensando que prever lo que vendría, le bastaría para superarlo.
De pronto un pequeño ciervo apareció en el halo amarillo de los faros, y un volantazo la llevó al filo de la montaña. Consiguió parar justo en el borde, y salió del coche tras el vaho de su aliento, pensando en lo frágil de la vida. Adelantarse para no sufrir, sufriendo por el pasado. ¡Qué tonta! ¡Si lo único que existía era el ahora!.
Y como en un cuento de navidad, concentró su mirada en los bonitos paquetes de colores que contenían todo su amor hecho regalos, subió al coche, y disfrutó del paisaje mientras volvía a casa.
RELATO 10
EL CIELO DE COLORES
"¿Papá, por qué el cielo de nuestro nacimiento es de colores?”
Cuando mis hijos me hicieron esta pregunta les conté esta historia...
"...Mi madre procedía de una pequeña isla de Noruega. Vino a España, conoció a mi padre...¡y aquí se quedó!.
Cuando mi abuelo enviudó, se vino con nosotros. Nos hablaba de su vida como pescador de bacalao. Los inviernos eran más llevaderos porque las noches se iluminaban con las auroras boreales. Nos decía que eran lo más bellos colores que podían existir.
Cuando el abuelo enfermó, su cabeza se fue trastornando y pasaba las noches mirando el cielo esperando ver las luces que tanto lo maravillaban allá en su pequeña isla.
Se acercaba la Navidad y se nos ocurrió hacer un gran cielo con los colores de la aurora para nuestro nacimiento.
Cuando lo vio, sus ojos se humedecieron...ya apenas hablaba... pero su mirada no necesitaba palabras para expresar la emoción que sentía.
Pasó los días mirando ese cielo colorido hasta que un día, antes de Reyes, decidió partir en busca de esas luces en el cielo...tranquilo... dormido en su sillón..."
Por eso y desde entonces, nuestras Navidades siempre han tenido un cielo de colores.
RELATO 11
EL ABRAZO
Aurora Boreal Bermúdez vivía en la tercera planta de un edificio moderno, a las afueras de Oslo.
Estaba sola, sentada delante de un precioso árbol de Navidad, oliendo el asado que acababa de hacer, oyendo canciones de Supertrump y Dire Straits.
Se levantó para poner derecho el cuadro de tulipanes que dominaba el salón y aprovechó para quitarse las zapatillas y calzarse sus tacones bajos.
En ese momento sonó el timbre de la puerta, abrió y allí estaba.
─ Hola, soy tu vecino de abajo. Me llamo Fredo y me gustaría compartir contigo esta botella de vino.
Fredo sonreía, afable, mirándola a los ojos.
Aurora le dejó pasar, sacó dos copas y se sentaron en el sofá, muy cerca el uno del otro.
Hablaron y rieron sin parar, y poco después, Aurora le pidió que se levantara.
─ ¿Puedo darte un abrazo? ─ le dijo.
Fredo sonrió enseñando una dentadura perfecta. Se puso de pie, la agarró suavemente por la cintura y se dieron un abrazo largo y lleno de cariño.
Llevan cuarenta años juntos. Cada Navidad repiten la escena. Les gusta recordar cómo empezó todo.
RELATO 12
ENTRE LOS ÁRBOLES
Acabábamos de trasladarnos a Turku. La empresa donde trabajaba mi padre no le dio muchas alternativas. No lo recuerdo con especial cariño, aunque con el tiempo he aprendido a quitarle importancia.
Al principio no nos hizo gracia, pero terminamos adaptándonos al frío y a aquellas noches eternas.
Desde el porche, a lo lejos, vi a Thomas moverse entre los árboles. Al principio observaba desde la distancia, intentando no ser visto. Con el paso de los días comenzó a acercarse. Fue extraño. Aun así, pasé con él los mejores años de mi infancia. Desapareció tiempo después, igual que vino, de forma discreta.
Mi nieta Lumi, antes de irse, me ha pedido que le cuente otra vez la historia de cuando, siendo niño, dejé Madrid para venirnos a Finlandia. Mañana empiezan las clases en Helsinki y pasaré una temporada sin verla.
Después, ya solo, he subido al desván a coger el disco duro donde guardé las fotos que nos hicimos juntos. Hacía años que no las miraba. Al pasar por el pasillo y ver la foto de Aada el día de nuestra boda, una lágrima ha resbalado por mi mejilla.
Qué raro. Thomas no está en ninguna de las fotos.
RELATO 13
DOCE UVAS
Coincidiendo con el sonido de la primera campanada, mordí la primera uva y me encontré de pronto, sin saber cómo, en una ciudad devastada bajo las bombas. Antes de parpadear, volví a mi salón; la segunda uva estaba a punto de ser devorada, al compás del segundo tañido del año. Sentí el crujido entre mis dientes, cuando me encontré en un vertedero con cientos de niños descalzos acarreando fardos imposibles. Uno de ellos se giró justo cuando en mi salón se escuchaba la tercera campanada. La tercera uva me llevó al lecho de un río coronado con espuma negra. Quise evitar la cuarta uva, pero con el sonido de la campanada mis dientes se cerraron sobre ella y me vi con un arma en las manos, disparando a una sombra que cayó desplomada.
Sin poder pararlo, sonaron una tras otra todas las campanadas, trasladándome entre horribles visiones. Al terminar, alguien me puso una copa fría en la mano y sentí empujones y abrazos. Por la ventana se veía una preciosa aurora boreal. Una mujer absurdamente vestida nos miraba desde el televisor, guiñando un ojo bajo cientos de pestañas postizas. Cierto tufo que recuerda al azufre flotaba en el ambiente.
RELATO 14
LA AURORA AUSTRAL Y LAS FRUTAS QUE SOÑABAN
En un mundo irreal, donde el suelo brillaba como caramelo y el cielo cambiaba de humor, apareció una noche la Aurora Austral. No venía del frío, sino del asombro. Bailó despacio sobre los árboles y les susurró colores nuevos.
Hasta entonces, las frutas eran rojas y amarillas, siempre iguales. Pero al tocar la luz danzante, comenzaron a soñar. Un manzano soñó con abrazos y dio frutas rosas. Un ciruelo recordó risas secretas y nacieron frutas lilas. Un árbol alto miró el cielo y regaló frutas azules, tan tranquilas que hacían dormir a los pájaros. Los más felices mezclaron todos los tonos y crearon frutas multicolores.
La Aurora Austral sonrió y dijo:
— Que nadie coma con prisa.
Desde esa noche, las frutas solo caen cuando un corazón las necesita. Quien prueba una fruta azul duerme sin miedo. Quien muerde una lila entiende sin preguntar. Y quien encuentra una multicolor aprende a imaginar.
Cuando la Aurora se va, los colores quedan. Porque los sueños, una vez despiertos, ya no se apagan.
RELATO 15
DIVERSIÓN EN LA OSCURIDAD
En un lugar lejano donde hace frío, frío del que hace que se te congelen hasta los huesos, vivía un zorro llamado Nimbo. Una noche, mientras buscaba algo para cenar, escuchó una voz que venía del cielo.
“¿Quién anda ahí?”, preguntó tratando de disimular su miedo.
Una luz verde gigante apareció sobre él.
“¡Hola, pequeño! Soy Luzverde, la aurora más divertida del norte. Espera, te voy a enseñar por qué”.
Nimbo se puso en posición de alerta por si tenía que salir corriendo. Entonces, Luzverde comenzó a adoptar diferentes formas; una pareja paseando, una jirafa, una nutria persiguiendo a otra, una casa, árboles frondosos… Nimbo estaba alucinando, se lo estaba pasando muy bien.
“Cada invierno hago mi espectáculo, pero pocas veces tengo público. ¿Verdad que parece que cobrasen vida?”.
Antes de que Nimbo respondiese, todas las luces se unieron para simular un festival de fuegos artificiales.
“¡Las auroras brillamos mejor cuando alguien se detiene a venos!”.
Nimbo agradeció la demostración y antes de alejarse pensó en lo bonito que había resultado aquel encuentro. Y desde ese día, cada vez que las luces bailan, Nimbo las contempla con la misma ilusión que la primera vez.
RELATO 16
UN ENCUENTRO BOREAL
Con la nueva llegada del frío,el cielo se abrió y esparció todos los deseos, anhelos y esperanzas que atesoraba, en forma de leves y minusculos borregos de algodón, en un particular combate contra la tozuda gravedad.
Los ejércitos uniformados,firmes y estoicos, acataban que sus copas se tiñesen de gélido blanco,mientras cobijaban debajo de sus canosas ramas algunos alces despistados.
Miré absorto, y bajo la profunda cúpula, se esparció la verde y esperanzadora aurora; tiñéndola de luminiscencia.
Mis piernas penetraban el suelo como el dedo de un niño el merengue; avanzando al unísono con mi agitado pulso.
Llegué a un claro. Allí me recibió su cabaña, exhalando aire cálido y tostado.
Un enorme trineo yacía medio sepultado por la espesa capa, dejando ver la ausencia de algún animal de tiro.
Me acerqué a la puerta para oír mejor lo que me pareció el sonido del corte de troncos,que tanto me asustaba en mi infancia.
Pegué mi nariz, y ésta se me volvió de un rojo intenso y fulgurante, iluminando el espacio como un candil.
Entonces comprendí quien era y cual sería mi misión.
Desde aquel día, el enorme humano de barbas y pelos blancos me llama Rodolfo.
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