Autor: Robert Doisneau
RELATO 1
EN EL ESCAPARATE
Ojalá no hubiera permitido a mis ojos vaguear libremente por los escaparates de la avenida.
Ojalá no me hubiera llamado la atención el cuadro de la esquina.
Ojalá no hubiera vuelto sobre mis pasos para observarlo de nuevo.
No habría entonces visto esas nalgas firmes sobre las largas piernas. Mis nalgas. Mis piernas.
No habría reconocido la nuca pálida y el moño deshecho, el aparador y las cortinas.
No me habría comparado con la imagen del cristal y no hubiera sentido la desazón, ni el vacío bajo mis pies, que me invaden cada vez que constato cuánto he envejecido.
RELATO 2
ARTE INMERSIVO
En 1908, Eliza Clarks, trabajaba como modelo en la Academia de Bellas Artes de Chicago, labor que compaginaba interviniendo en películas de cine mudo, donde alcanzó cierta fama.
Posó en privado durante meses para un joven pintor. Su relación, aunque tormentosa, fue prolífica artísticamente.
Cinco décadas después, ya anciana, una galería de Boston contactó con ella, pues aseguraban que aparecía en un cuadro de su exposición.
Junto al cuadro, Eliza contó su historia, el cansancio, el deseo de permanecer, el amor obsesivo, el alcohol y el sexo.
Así, la obra dejó de ser inerte, tornándose sensorial, viva.
Una experiencia inmersiva.
RELATO 3
COSQUILLA INTERNA
Me apunté a clases de pintura no porque la sublime luz de los colores inundara mi alma, ¡chorradas! Yo quería ver a esos _peaso'modelos_ que, según me contaron, posaban sin apuro ni vergüenza tal cual los parieron.
Y ahí estaba yo, "de los nervios" con carboncillo nuevo en mano. Pero no había cuerpos vivos, sino pinturas de mujeres en pelotas colgadas en la pared y listas para copiar.
Nunca aprendí a pintar, pero descubrí que el pudor también puede ser heredado del lienzo. Miradas escrutadoras, pinceles obedientes y respiración lenta que dan paso a la sorpresa íntima, persistente y reveladora.
RELATO 4
LISA
Martín me lo había advertido: no pases por la galería Piubelle, si no quieres dolerte el resto de tu vida.
Lo veía taciturno, lento, contrariado. Envejeció cinco años en unos días.
Me acerqué a Piubelle. Quería dar respuesta a su silencio insostenible.
Era ella.
Sin duda era nuestra pequeña Lisa: los hoyuelos sobre sus glúteos, el cabello rizado color fuego, la cicatriz en el codo de cuando cayó de la trona con cinco años. Nuestra Lisa…
Lo que para él era desgracia para mí fue celebración.
No vi su desnudez. Había encontrado a mi hija después de quince años.
RELATO 5
¡HASTA DÓNDE VAMOS A LLEGAR!
Mon Dieu, comment est-ce possible?
¡Desnuda en pleno escaparate!
¡El fin del pudor! Pensó ella.
Su mirada inquisitorial se clavó en un curioso que avergonzado huyó con el sombrero entre las manos.
No sabía ella que aquél negocio estaba a punto de dar el cerrojazo y como última opción al avispado comerciante se le ocurrió poner esta fotografía.
Si antes no entraba nadie, ahora los clientes hacían largas colas para comprar, fingiendo, claro está, no mirar.
La mujer de la imagen se sentía más libre que todos ellos pero la táctica funcionó y el negocio triplicó sus visitas.
RELATO 6
LA CASONA HELADA
No puedo soportar la soledad de esta casona inmensa de gruesas paredes repletas de cuadros, de altísimos techos sostenidos por vigas cubiertas de telarañas, enormes y frías habitaciones donde nadie duerme, donde nadie ama, donde nadie sueña.
No duermo, no como ni bebo desde el día que desperté de aquel sueño tan extraño, de aquella pesadilla en la que me hundí en un pozo profundo y yo me desinflaba como un globo rojo de sangre.
Mañana limpiaré mejor los espejos. No me veo en ellos por más que los limpie ¿Por qué será?
RELATO 7
EL SECRETO DEL CUADRO
El retrato, pintado a finales del siglo XVIII, sobrevivió al incendio que devoró a la mujer desnuda del lienzo. Desde entonces vagó por sótanos, subastas… rodeado de murmullos, fantasmas y llamas que nunca lo vencían.
Mucho después, una anciana lo rescató de un basurero.
En un hospicio derruido, helado, arrancó el marco para calentarse. Entonces cayeron un testamento y una vieja fotografía, donde había un hombre con una medalla idéntica a la suya. Comprendió que el cuadro no estaba maldito, sino que guardaba la prueba de una herencia robada y un trono sostenido por el silencio.
RELATO 8
FANTASÍAS DE HOY Y DE SIEMPRE...
De vuelta a casa, Madame Gabrielle, se detuvo delante del escaparate de una galería. Asombrada, contemplaba por vez primera el cuadro de una mujer desnuda, mirándose sin pudor al espejo. Mientras admiraba sus rotundas formas, una oleada de calor atravesaba su cuerpo y su mente, que le abrió una puerta desconocida.
Veía a la joven salir del cuadro acomodándose en su salita mental; y a ella, rejuvenecida 50 años.
Miraba como sus labios se aproximaban, y como sus manos acariciándose, abarcaban sus cuerpos.
Aferrada al escaparate, volvió abruptamente a su realidad.
Señora, ¿me permite? Cerramos. Tenemos que echar la persiana.
RELATO 9
LA MODELO FICTICIA
Paseaba por la plaza cuando se topó con aquella pintura. Reconoció inmediatamente la habitación burguesa y esa postura imposible que tuvo que mantener demasiado tiempo para ser inmortalizada sobre un lienzo. Infinidad de recuerdos de lo que parecía ser otra vida muy lejana le asaltaron.
Tras ella, una voz masculina interrumpió sus pensamientos.
“Es precioso. La artista lo consideraba su mejor obra y lo más curioso es que la modelo es ficticia, al parecer nunca consiguió que nadie posara así”.
Dibujó una sonrisa comedida y reanudó su reflexión en silencio.
“¿Ficticia? Seguro… igual que los tres orgasmos que le regalé”.
RELATO 10
SIN COMPLEJOS
Fui modelo de Caspar Friedrich durante varios años. Los pocos marcos que recibía por mis desnudos me vinieron de maravilla en aquel tiempo. Estuve en Berlín y me presentaron a los mejores artistas.
Ahora vivo en una casa pequeña, en la calle Teltower Damm, cerca de la tienda de antigüedades. Ayer pasé por allí y para mi sorpresa me vi en uno de esos cuadros.
Me encantaría comprarlo, pero mi humilde pensión no me lo permite. Debe costar una fortuna.
¡Ya sé! ¡Buscaré a un pintor que necesite a una modelo!
No me importaría desnudarme de nuevo...
RELATO 11
EFECTOS COLATERALES
O conseguía el cuadro o Fran no volvería. En el bolsillo derecho, la gorra del niño y la nota de rescate. En el izquierdo, un ladrillo era su única esperanza. Calculaba el ángulo del impacto cuando dos encapuchados irrumpieron en la tienda, escopeta en mano. Con un primer disparo, el escaparate se hizo añicos.
Los ladrones buscaban la caja. Ella aprovechó el caos para aferrar el lienzo y salir corriendo, sonriendo. Sangraba por los cortes, pero ya habría tiempo para el dolor cuando volviera a abrazar a su pequeño.
RELATO 12
TU CULO ME SUENA
Rodeada de cachivaches que vendía al raso, miraba y remiraba aquel cuadro con desasosiego, y no por atrevido. Regresó días después al lugar donde una señorita se desprendiera de él; al fin la vio pasar y la abordó con curiosidad. Preguntada por la pintura del contenedor, respondió afirmativamente. Le contó amable que la artista era su abuela y la modelo su madre de mocita, a la que no recordaba porque desapareció cuando ella era niña. Tras la muerte de quien la crio, ya no tenía ningún interés en conservarla.
— Te llamas Aurélie, ¿verdad? —osó preguntar la mujer ajada— Yo también…
RELATO 13
CULO ANÓNIMO
Me prometió fama mundial y dinero a espuertas.
Pero nunca jamás vi ni una cosa ni otra.
Sencillamente, me engañó, se aprovechó de mi hambre y mi pobreza.
Me convenció mediante adulación y sobeteos pseudo amorosos para que posara desnuda para su retrato, mi retrato en realidad.
Una vez terminado, desaparecen los dos, pintor y pintura dejándome ese sabor agridulce de saberme estafada y abandonada.
Cuál no sería mi sorpresa cuando cincuenta años después, veo mi culo en el escaparate de una galería de arte. El título de la obra me sorprende aún más: "Ninfa anónima"
¡¡Quiero mi reconocimiento!!
RELATO 14
AMOR AL ARTE
Acusada injustamente de colaboracionismo después de la ocupación alemana, a Madame Bernard, debido a su avanzada edad, le fue conmutada la pena de muerte, pero la obligaron a vivir en la indigencia en una Francia herida, ávida de venganza.
Se la veía pasear por las calles de París arrastrando un carro cargado con sus miserables pertenencias, deteniéndose en los escaparates con mirada crítica, profesión que había ejercido durante su larga vida.
Quien hablaba con ella y la ayudaba, quedaba maravillado por su cultura. Aquella mujer sobrevivía no por la compasión de quienes la admiraban, sino por su amor al arte.
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